Évano
Libre, sin dioses.
Paseaba la lluvia de la tarde
la vereda de un río y sus meandros.
El viento voleaba una hojarasca
que acudía a los pasos de mi rostro.
Un revuelo entre nubes alocadas
que dibujaban luces y solombras.
La corriente del río me mostraba
claro susurro y alma de cristal.
Intenté desnudarme de lo humano,
pero era resto de hueso y carne y miedo;
una vida adherida al universo
y nula para el reino de los cielos.
No pude compararme a la corriente
del agua y su principio con destino,
de su dar a la tierra sin pedir.
Llovía en el paraguas de mi aura,
deshaciendo en arcoíris a mi cuerpo,
al ver a tanto humano asesinando
a quien regala vida, cuerpo y alma.
Fui lágrima brillando por los cauces
de un río asesinado y sin destino.
la vereda de un río y sus meandros.
El viento voleaba una hojarasca
que acudía a los pasos de mi rostro.
Un revuelo entre nubes alocadas
que dibujaban luces y solombras.
La corriente del río me mostraba
claro susurro y alma de cristal.
Intenté desnudarme de lo humano,
pero era resto de hueso y carne y miedo;
una vida adherida al universo
y nula para el reino de los cielos.
No pude compararme a la corriente
del agua y su principio con destino,
de su dar a la tierra sin pedir.
Llovía en el paraguas de mi aura,
deshaciendo en arcoíris a mi cuerpo,
al ver a tanto humano asesinando
a quien regala vida, cuerpo y alma.
Fui lágrima brillando por los cauces
de un río asesinado y sin destino.
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