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Arremolinas esa fragancia…

Jairo Castillo Romerin

Poeta adicto al portal
ARREMOLINAS ESA FRAGANCIA…

Arremolinas esa fragancia en que etérea la verdad se culpa.
Nadie vino a cumplir su cita: la visión de un coro ascendiendo.
He aquí la verdad sobre el aplomo de la piedra en esculturas ingentes de bronce,
la palabra que alargó el tedio en plusvalías de arenas.
No existen las horas en marasmos de orquídeas,
no el momento ensimismando pasiones;
eléctricas formas desgastan la vitalidad en usufructos
y revierten la memoria en escaldaduras de hojas.
La música disuelve nestóreos climas en alcobas infectas de sombras.
Todo sigue aquí feneciendo, esperando la cordura.
Pero llegas con fragancia de harina, con cernidos horizontes de luna,
apaciguas tempestad y furia, donosura y élite;
se están gastando las gemas que la tierra amasó con manos tercas,
se extinguieron los heraldos que atravesaban raudos el desierto.
Pero tú llegas con fragancia de noche, con pertrechos y aros ardiendo,
con ese aroma sabio para reconocerte a leguas del único puerto
donde sé muy bien que fui el único que osó esperarte.
 
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ARREMOLINAS ESA FRAGANCIA…

Arremolinas esa fragancia en que etérea la verdad se culpa.
Nadie vino a cumplir su cita: la visión de un coro ascendiendo.
He aquí la verdad sobre el aplomo de la piedra en esculturas ingentes de bronce,
la palabra que alargó el tedio en plusvalías de arenas.
No existen las horas en marasmos de orquídeas,
no el momento ensimismando pasiones;
eléctricas formas desgastan la vitalidad en usufructos
y revierten la memoria en escaldaduras de hojas.
La música disuelve nestóreos climas en alcobas infectas de sombras.
Todo sigue aquí feneciendo, esperando la cordura.
Pero llegas con fragancia de harina, con cernidos horizontes de luna,
apaciguas tempestad y furia, donosura y élite;
se están gastando las gemas que la tierra amasó con manos tercas,
se extinguieron los heraldos que atravesaban raudos el desierto.
Pero tú llegas con fragancia de noche, con pertrechos y aros ardiendo,
con ese aroma sabio para reconocerte a leguas del único puerto
donde sé muy bien que fui el único que osó esperarte.


Jairo
Llega a vivificar y trastocarlo todo, a dar un sentido nuevo,
brindándose como lluvia de milagro en un desierto que supo esperar,
como fragancia descendiendo a la flor.
Exquisito tu versar, con esas imágenes que plasmas.
Mis felicitaciones y un abrazo cálido
Ana
 
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