Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Fluye el dolor.
la sangre caliente,
humeante
busca las compuertas.
La cólera se derrama,
los pasos
son bloques de cemento
con taladro perforando,
el cuerpo tiembla
la saliva se seca.
¿Es acaso palidez o rojo escarlata,
miedo, dolor, terror, orfandad,
sudor caliente, frío, calambre, picor,
la fuerza de un bulldozer,
sobrecarga o desnudez;
de todo, pero de nada se sabe,
!se ha perdido la razón!
La ira es desazón,
no importa calle, callejón,
cualquier otro rincón,
menos si está o no....
la mamá, el papá, el hermano mayor,
el tío, el abuelo, el profesor,
el celador, el interprete,
o alguien que imprudente
con talanqueras y alambiques
a contener su furia se les metió.
Los brazos son brazas ardientes
de plomo, los pies espuelas
de gallo ganador
en el último concurso,
antes de la muerte o prohibición.
Sus ojos desfogan lágrimas
que apagan el fuego
que les cuece,
el conocimiento se pierde.
La rabia salpica kilómetros,
un grito en aullido,
todos corren,
todos atacan
alboroto de un día
sellado en el cosmos.
No hay fuerza que contenga
las toneladas de vinagre hecho
alcohol por el desprecio y años de humillación.
Ningún golpe le fue suficiente a los chiquillos
para antes de terminar el año,
calmar su dolor,
de nada les importó la suspensión de ocho días,
menos la expulsión,
si todos sus cuerpos ardían de dolor.
Separación....
la turba que atacaba
y azuzaba no entendió el odio,
desprecio, menos,
la paliza que de su cuerpo salió.
Más y más preguntas en Coordinación,
las heridas ardían menos que su rabia
y dolor,
¿Por qué durante años de reclamos y lamentos
en rectoría, coordinación y con todo profesor que en pasillo o clase se tropezó,
nunca, nunca en serio se les tomó,
y hoy para siempre de lo que fue su segundo hogar,
con ardientes arañazos
sin compasión...
para la calle se les arrojó?
la sangre caliente,
humeante
busca las compuertas.
La cólera se derrama,
los pasos
son bloques de cemento
con taladro perforando,
el cuerpo tiembla
la saliva se seca.
¿Es acaso palidez o rojo escarlata,
miedo, dolor, terror, orfandad,
sudor caliente, frío, calambre, picor,
la fuerza de un bulldozer,
sobrecarga o desnudez;
de todo, pero de nada se sabe,
!se ha perdido la razón!
La ira es desazón,
no importa calle, callejón,
cualquier otro rincón,
menos si está o no....
la mamá, el papá, el hermano mayor,
el tío, el abuelo, el profesor,
el celador, el interprete,
o alguien que imprudente
con talanqueras y alambiques
a contener su furia se les metió.
Los brazos son brazas ardientes
de plomo, los pies espuelas
de gallo ganador
en el último concurso,
antes de la muerte o prohibición.
Sus ojos desfogan lágrimas
que apagan el fuego
que les cuece,
el conocimiento se pierde.
La rabia salpica kilómetros,
un grito en aullido,
todos corren,
todos atacan
alboroto de un día
sellado en el cosmos.
No hay fuerza que contenga
las toneladas de vinagre hecho
alcohol por el desprecio y años de humillación.
Ningún golpe le fue suficiente a los chiquillos
para antes de terminar el año,
calmar su dolor,
de nada les importó la suspensión de ocho días,
menos la expulsión,
si todos sus cuerpos ardían de dolor.
Separación....
la turba que atacaba
y azuzaba no entendió el odio,
desprecio, menos,
la paliza que de su cuerpo salió.
Más y más preguntas en Coordinación,
las heridas ardían menos que su rabia
y dolor,
¿Por qué durante años de reclamos y lamentos
en rectoría, coordinación y con todo profesor que en pasillo o clase se tropezó,
nunca, nunca en serio se les tomó,
y hoy para siempre de lo que fue su segundo hogar,
con ardientes arañazos
sin compasión...
para la calle se les arrojó?