Cuentista
Silencio, un cuento.
AQUEL MAL LLAMADO MUERTE
Truenan las campanas en protervo anochecer
mohína escupida ¡Ya aflora la noche!
Y mis dientes chirrían, mas graznan como cuervos,
afanosa muerte de azotes siempre tornas en recuerdos.
Fuiste tú, el hado que forzaste su caída,
aquel que a mi padre envenenó con amor helado.
Sé que existes parca fosca aunque aún no te haya visto
hombre y dama a la vez, aquel mal llamado muerte
y eres tú quien así nombran, mas fue así cual te nombró
en silencio pude oírlo, muerte ¡Muerte!
Pues mi padre así te dijo, y tronó, sonó tan fuerte
que su aliento se acalló,
y ese hálito apocado, bien fui yo quien lo escuchó.
Ya protestan las campanas en zumbido moledor
muy inquietas se doblegan. ¡Han llorado a mi mentor!
Y aquel mal llamado muerte, ¡Insiste!
Inerte existe con su máscara invisible
caballero o bien doncella ¿pero dime? ¿Qué eres tú?
¿Un guardián de las cenizas?
Las cenizas solo eso, fiel vestigio de una vida
donde yo, aún no sé lo que es morir.
Baila el viento sobre tierra fantasmal
de osamentas polvorientas que a tinieblas acompañan
y resuenan las campanas ¡Cascabeles querubín!
Vuelven toscos los graznidos de los córvidos prohibidos
y en el canto destemplado danza un pulcro serafín
¿Será el fin a una vida consumida?
Dobla un cántico plomizo en la bruna de mi pluma
que describe amor y muerte ¿hay algo que mate más fuerte?
Mi corazón late ¡Palpita! Y también ama
parca fosca eres tú quien clama, tú, dueño o dama
aquel mal llamado muerte, leviatán o ángel divino
no le temo, si morir... es lo que hacemos.
“Cuentista” 2015
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