Jorge Buckingham
Poeta recién llegado
Sufrimos cuando alcanzamos la vida,
en días de arabesco funeral,
como átomos de fuego en el océano,
que perduran en una prudencia escamosa,
dejando la semilla del tiempo adalid.
Soñamos con destinos de estímulos patrios,
bebiendo la fervorosa cerveza del pecado.
“¿Quién sabe si la dicha es perpetua?”
Cuando olvidamos atrás la cáscara viva.
La resurrección será una línea directa.
Dejamos correr los ojos de alhelíes,
que florecen en las pupilas,
como remolinos de azúcar,
tan dulce como la sangre.
Y en la playa de la esperanza,
el profeta salta al vacío,
para santificar los pedazos de alma,
refugiados en el puño de la felicidad.
¡Qué señal tan hermosa!
en días de arabesco funeral,
como átomos de fuego en el océano,
que perduran en una prudencia escamosa,
dejando la semilla del tiempo adalid.
Soñamos con destinos de estímulos patrios,
bebiendo la fervorosa cerveza del pecado.
“¿Quién sabe si la dicha es perpetua?”
Cuando olvidamos atrás la cáscara viva.
La resurrección será una línea directa.
Dejamos correr los ojos de alhelíes,
que florecen en las pupilas,
como remolinos de azúcar,
tan dulce como la sangre.
Y en la playa de la esperanza,
el profeta salta al vacío,
para santificar los pedazos de alma,
refugiados en el puño de la felicidad.
¡Qué señal tan hermosa!
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