danie
solo un pensamiento...
Las manos impotentes
sostiene la aguja de Cleopatra,
senos congruentes
que encaja peregrinamente,
destrezas y virtudes pictóricas
de una lubricidad sin pudor
Toneladas de granito rojo,
se derrumban de tus ojos,
gotas de miel sin decencia
se derraman por tu sudor,
sombras del placer,
puñal que sosaño mi sien
Frente a las esfinges fugaces
de la lúgubre necrópolis,
destellos de aura oníricos
abren la puerta del umbral
juicio de Osiris,
destierro y sepulcro de lo concreto y racional.
Cabeza de canido, con forma de chacal,
guardián de la urbe y celoso obelisco de tu erótica deidad,
regodeo carnal y divinidad, anheló de la fertilidad,
emperatriz del Nilo, río con aroma a limo
que invoca la fecundidad.
Ciudad de Heliópolis,
vanguardista jeroglífico de la antigua egipcio;
canteras de granito provenientes de Asuán,
roses fervorosos de la desnuda vertiente,
que transita por tus pechos,
acaricia tus pezones duros al viento,
estremece y hierve mi matriz sagaz.
Bajo el velo siniestro de tu guardián,
te tomo por detrás,
soy un lacayo miserable
que codicia el néctar de tu fértil libertad
Posdata: ya se que las Agujas de Cleopatra (Cleopatra's Needle) no tienen relación con la reina gobernante de Egipto, pero en esta obra se usa el sentido figurado. La inspiración me llega en los peores momentos
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