Mario Redal
Poeta recién llegado
Me bañaré en las olas del arcoíris
antes oscuro,
que acabarán por ser comprendidas.
Rociaré mi alma con el denso olor,
perfumado barniz,
de tus robustas pestañas esperanzadoras.
Pisaré los campos y las montañas,
ondulados por los complejos,
y lloraré mi amor en la cima.
Forjaré en plata mi rostro,
y lo cubriré con una manta,
de lujoso suave oro.
Haré cuantas cosas me digan los astros,
monstruos musicales celestes,
que son lo más pleno que existe.
Cortaré mis pieles salvajemente,
a mi corazón inherentes,
y mandaré con ellas al viento el prejuicio.
Contemplaré tu dulzura y tu boca,
sedienta blanca y rosa,
pidiendo mi alegría.
Gritando, -más tranquila-:
¡saltemos hacia arriba!
antes oscuro,
que acabarán por ser comprendidas.
Rociaré mi alma con el denso olor,
perfumado barniz,
de tus robustas pestañas esperanzadoras.
Pisaré los campos y las montañas,
ondulados por los complejos,
y lloraré mi amor en la cima.
Forjaré en plata mi rostro,
y lo cubriré con una manta,
de lujoso suave oro.
Haré cuantas cosas me digan los astros,
monstruos musicales celestes,
que son lo más pleno que existe.
Cortaré mis pieles salvajemente,
a mi corazón inherentes,
y mandaré con ellas al viento el prejuicio.
Contemplaré tu dulzura y tu boca,
sedienta blanca y rosa,
pidiendo mi alegría.
Gritando, -más tranquila-:
¡saltemos hacia arriba!