IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Ella me repetía
que el amor es de una parte del alma,
que aún entre corazones heridos,
aquel milagro
es una cura para toda debilidad,
que la infelicidad también se busca,
entre emociones venenosas,
y sonrisas cada vez mas empobrecidas,
aún ella me enseña a amar,
como lo hacen las rosas o las aves,
buscando siempre un sol,
aunque la noche nos abrace,
entre grises promesas,
y no nos suelte,
aún me guía
desde sus alturas,
junto a su volar, tan de ella,
las plumas de sus alas, entre vientos
les enseñan a las mías,
les conceden un don
más preciado que la vida,
será que la cima
solo se halla caminando,
aún con pensamiento de roble,
que todos guardamos al lado del pecho
esas ansias de que el cuerpo sea bandera,
esas ganas de ser libre,
aún entre un camino
con una meta que nos libera,
irremediablemente,
será que el cuerpo es una cárcel,
será que ella es mas que una mensajera,
es la madre de mis días,
es la antepasada de mis noches,
de mis cuencas que ahora aprecian,
los albores de nuestras almas.
que el amor es de una parte del alma,
que aún entre corazones heridos,
aquel milagro
es una cura para toda debilidad,
que la infelicidad también se busca,
entre emociones venenosas,
y sonrisas cada vez mas empobrecidas,
aún ella me enseña a amar,
como lo hacen las rosas o las aves,
buscando siempre un sol,
aunque la noche nos abrace,
entre grises promesas,
y no nos suelte,
aún me guía
desde sus alturas,
junto a su volar, tan de ella,
las plumas de sus alas, entre vientos
les enseñan a las mías,
les conceden un don
más preciado que la vida,
será que la cima
solo se halla caminando,
aún con pensamiento de roble,
que todos guardamos al lado del pecho
esas ansias de que el cuerpo sea bandera,
esas ganas de ser libre,
aún entre un camino
con una meta que nos libera,
irremediablemente,
será que el cuerpo es una cárcel,
será que ella es mas que una mensajera,
es la madre de mis días,
es la antepasada de mis noches,
de mis cuencas que ahora aprecian,
los albores de nuestras almas.