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Andamos, como juguetes rotos, dando vueltas alrededor de nosotros mismos

armak de odelot

Poeta asiduo al portal
Cuantas veces en un documental sobre algún pais tercermundista no nos hemos quedados sorprendidos al ver la alegría tan natural que desprenden esas gentes, su humanidad y sencillez al relatarnos sus vidas y ver con lo poco que en el fondo necesita el ser humano para ser feliz.

Aceptan su destino como parte del orden natural de las cosas y son maestros en sacar el máximo jugo a cada instante porque dominan el tiempo que en su mundo transcurre muy lentamente y por ese motivo y por tener tanta escasez de bienes y acontecimientos, cualquier cosa por pequeña que sea es motivo de gozo y celebración.

En contraposicción, en nuestro envidiado occidente, saturados ya por tanto trasto innecesario y donde el gozo de tener dura dos días y se corre detrás del tiempo sin alcanzarlo, te encuentras con personas que identificando bienestar material con felicidad, se las ve siempre insatisfechas y que en vez de gozar de lo que tienen, sufren por lo que no poseen.

Y aún teniendo, lo que en esos países sería signo de opulencia y riqueza, terminan transformando su posible dicha por un continuo sentimiento de fustracción y tristeza que a veces acaba en depresiones irreversibles. De hecho, la depresion solo existe en las sociedades avanzadas.

¿ Quien no recuerda, si lo ha vivido, épocas en las que actos tan naturales y cotidianos hoy en día, como comer un buen jamón, beber vino, la navidad con sus bollos y anises, las fiestas del pueblo o tener si se podía una bicicleta eran motivos de auténtica celebración y alegría. Ver el mar era un acontecimiento que se quedaba grabado para toda la vida.

Tiempos en los que se podía tener la puerta de la casa abierta y donde la cordialidad y unos simples buenos días se le daba a cualquier desconocido con el que te cruzases.

En cambio, hoy en día se juega a consumir y tirar, a tener más que el vecino, a ignorarnos al pasar o a saludarnos desde la complacencia de quien cree que puede mirar por encima del hombro a los demás, donde solo importa tener por tener y triunfar y donde solo ves ojos sin brillo, que no te saludan sino te examinan detenidamente para concluir si envidiarte o pavonearse ante tí sin pudor alguno.

Antes esto, pienso que mundo es realmente el que debería ser envidiado y si no somos nosotros los que deberíamos cambiar y volver a nuestra esencia como ser humano y a nuestras raíces parando un poco el ritmo frenético que llevamos.

En un mundo, donde no terminamos de escuchar una canción y ya se ha puesto de moda otra.
En un mundo, donde no hemos terminado el rodaje del coche y ya queremos otro.

En un mundo, donde no ha terminado de parir nuestra mujer nuestro primer hijo y ya estamos encargando otro con otra.

Y asi sucesivamente andamos, como juguetes rotos, siempre insatisfechos, dando vueltas alrededor de nosotros mismos, sin encontrarnos.
 
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