Leo Bruno
Poeta perdido, pero encontrado
Quiero a este amor, solo mío,
platónico y puro en su esencia.
Que sea una luz que no alumbra,
un latido sin sangre,
voz mía que aprende a enmudecer.
Este amor es sin palabras
que distraigan tu camino.
No lo quiero para mostrarlo
ni para nombrarlo en voz alta.
Lo quiero así:
insólito, insuficiente,
como una copa a medio llenar
que no reclama
ni sed ni borrachera.
Quiero esconderlo en los pliegues del día,
que no adviertas el relámpago
de palpitaciones que provocas
cuando se pronuncia tu nombre.
Que mi suspiro se esconda entre las voces
y si tu aroma llena el espacio,
que mi embriaguez no me delate,
que el aire no te cuente
que estoy aquí,
que el mundo no traduzca
lo que yo no digo.
Solo quiero mirarte
como se mira al horizonte:
sabiendo que existe,
sin intentar tocarlo.
Quiero este amor platónico
habitando mis pensamientos más hondos,
como un cuarto vacío
donde aún respira la locura.
Solo quiero tenerte ahí,
como una musa sin rostro,
no para quebrar el silencio entre nosotros,
sino para saber
que existes en algún lugar solo mío
y que, sin ruido,
también existes en todo
Sin pedirte.
Sin que lo sepas.
Sin que me quieras.
platónico y puro en su esencia.
Que sea una luz que no alumbra,
un latido sin sangre,
voz mía que aprende a enmudecer.
Este amor es sin palabras
que distraigan tu camino.
No lo quiero para mostrarlo
ni para nombrarlo en voz alta.
Lo quiero así:
insólito, insuficiente,
como una copa a medio llenar
que no reclama
ni sed ni borrachera.
Quiero esconderlo en los pliegues del día,
que no adviertas el relámpago
de palpitaciones que provocas
cuando se pronuncia tu nombre.
Que mi suspiro se esconda entre las voces
y si tu aroma llena el espacio,
que mi embriaguez no me delate,
que el aire no te cuente
que estoy aquí,
que el mundo no traduzca
lo que yo no digo.
Solo quiero mirarte
como se mira al horizonte:
sabiendo que existe,
sin intentar tocarlo.
Quiero este amor platónico
habitando mis pensamientos más hondos,
como un cuarto vacío
donde aún respira la locura.
Solo quiero tenerte ahí,
como una musa sin rostro,
no para quebrar el silencio entre nosotros,
sino para saber
que existes en algún lugar solo mío
y que, sin ruido,
también existes en todo
Sin pedirte.
Sin que lo sepas.
Sin que me quieras.