En el mausoleo de noches sedientas,
entre fuelles de misterios y canelas,
viaja el labio de esta madrugada
abrazado al silencio de mis sábanas.
Madrugada que esfumas tu rostro
con la miel que extraes de mi almohada,
el viento etesio regresa incauto cuando
sublime, majadera, avanzas sobre mis lágrimas.
Eres esquirla que se incrusta en las horas,
esas mismas que se burlan de mis rojos ,
débil quedo en espera de tu abrazo taciturno
cubierto por el gabán de tu aliento en mi cama.
Madrugada, temo al pronunciar tu nombre
supeditar tu cadera, amante fiel del desvelo,
mientras atisbos de heridas amedrentan al alba
cuando silente se atreve a despojar tu alma.
Sábanas ecuestres de este sentir nefasto,
regreso a ti, oh ladrón de descanzo,
neblina que abarrota con tu sangre el silencio
calma, grita el llanto, lejos, viaja el encanto...
entre fuelles de misterios y canelas,
viaja el labio de esta madrugada
abrazado al silencio de mis sábanas.
Madrugada que esfumas tu rostro
con la miel que extraes de mi almohada,
el viento etesio regresa incauto cuando
sublime, majadera, avanzas sobre mis lágrimas.
Eres esquirla que se incrusta en las horas,
esas mismas que se burlan de mis rojos ,
débil quedo en espera de tu abrazo taciturno
cubierto por el gabán de tu aliento en mi cama.
Madrugada, temo al pronunciar tu nombre
supeditar tu cadera, amante fiel del desvelo,
mientras atisbos de heridas amedrentan al alba
cuando silente se atreve a despojar tu alma.
Sábanas ecuestres de este sentir nefasto,
regreso a ti, oh ladrón de descanzo,
neblina que abarrota con tu sangre el silencio
calma, grita el llanto, lejos, viaja el encanto...