AMANECER DEMORADO
La poesía sale de la boca
El pensamiento sale de la cabeza
El humo sale del huevo
Y el huevo sale de la ostra
Carlos Edmundo de Ory. Teoría finita.1950
No Alpes en su inclemente altura
tierra llana propicia para grillos
tierra de almas y miradas de violeta
caminos casuales donde la hiedra medra
y rocas rocas rocas
tibias rocas que a la contemplación se ofrecen.
Apenas robles de adustez secular
estigmas de los hombres
bueyes que dormitan en su onírico universo
manos que son besana con sus dedos extendidos
llamada del agua clara
que es llorada entre los juncos.
Tierra que acaricia el alma
y la encierra en su regazo
abducción de siglos mostrencos
que retuercen esperanzas sin futuros
aterrizando caminos que ocultaban horizontes
dejando claros de luna imprevisibles.
Entreverados espacios donde un silencio de muerte
eleva sus frágiles cometas
heraldos multicolor nunca suicidas
cainitas desde su origen caballeros y vasallos
cruzan en emblemático unicornio
el tráfico embrionario de la avenida fugaz.
Y al final era la cueva
donde el murciélago duerme
allí la palabra es hueco y dorado tintinear de oros
el camino se hace canasto con su ovillo desliado
y es el pájaro escapado de su trampa
quien increpa al corazón que allí alcanza.
Dormid venturosos
desde las casas aladas
ajenos a precipicios y a la bendición del Papa
Dormid aquellos que guardan
los secretos de la esfinge
y los horarios de trenes.
Benditos seáis dormid.
La poesía sale de la boca
El pensamiento sale de la cabeza
El humo sale del huevo
Y el huevo sale de la ostra
Carlos Edmundo de Ory. Teoría finita.1950
No Alpes en su inclemente altura
tierra llana propicia para grillos
tierra de almas y miradas de violeta
caminos casuales donde la hiedra medra
y rocas rocas rocas
tibias rocas que a la contemplación se ofrecen.
Apenas robles de adustez secular
estigmas de los hombres
bueyes que dormitan en su onírico universo
manos que son besana con sus dedos extendidos
llamada del agua clara
que es llorada entre los juncos.
Tierra que acaricia el alma
y la encierra en su regazo
abducción de siglos mostrencos
que retuercen esperanzas sin futuros
aterrizando caminos que ocultaban horizontes
dejando claros de luna imprevisibles.
Entreverados espacios donde un silencio de muerte
eleva sus frágiles cometas
heraldos multicolor nunca suicidas
cainitas desde su origen caballeros y vasallos
cruzan en emblemático unicornio
el tráfico embrionario de la avenida fugaz.
Y al final era la cueva
donde el murciélago duerme
allí la palabra es hueco y dorado tintinear de oros
el camino se hace canasto con su ovillo desliado
y es el pájaro escapado de su trampa
quien increpa al corazón que allí alcanza.
Dormid venturosos
desde las casas aladas
ajenos a precipicios y a la bendición del Papa
Dormid aquellos que guardan
los secretos de la esfinge
y los horarios de trenes.
Benditos seáis dormid.