jen jen
Poeta fiel al portal
La luz lo invade todo,
me deslumbra y me cega,
comprendo que ya no pertenezco a éste mundo,
obligado a abandonarlo todo por mi estúpida obsesión;
por tocar tu rostro una vez más,
por susurrarte al oído,
que te amo en palabras que solo nosotros conocemos,
arriesgué todo por un momento, y he aquí mi castigo.
Cortejo a las sombras,
abrazo a las tinieblas,
y me apasiono por la soledad,
comienzo a ver la desigual faz del sol brillar a lo lejos del mar del olvido,
y me ilumino de oscuridad,
recorro el tiempo y lo ignoro todo,
no vivo tampoco muero, solo existo con un solo objetivo, volver a verte.
Soy un alma descarnada,
errabunda y poco consciente de la amargura que despide mi aura,
me alimento de tu recuerdo que jamás expira.
Ansío recobrar mi poder sobre tu cálida presencia,
hacerte mío cada triste noche de mi existencia,
morder tu sublime boca y hacerte gritar de placer hasta estallar en un éxtasis extraterrenal.
Ruego por coger tu mano,
y desaparecer para siempre,
y no volver a posar mi mirada en tu ser,
coger con sumisión la pequeña purificación,
para poder ascender a un plano superior,
ser recibido en una esfera de resurrección,
y abrir la puerta que borre todo vestigio de cicatrices,
y así volver a renacer al mundo otra vez.
me deslumbra y me cega,
comprendo que ya no pertenezco a éste mundo,
obligado a abandonarlo todo por mi estúpida obsesión;
por tocar tu rostro una vez más,
por susurrarte al oído,
que te amo en palabras que solo nosotros conocemos,
arriesgué todo por un momento, y he aquí mi castigo.
Cortejo a las sombras,
abrazo a las tinieblas,
y me apasiono por la soledad,
comienzo a ver la desigual faz del sol brillar a lo lejos del mar del olvido,
y me ilumino de oscuridad,
recorro el tiempo y lo ignoro todo,
no vivo tampoco muero, solo existo con un solo objetivo, volver a verte.
Soy un alma descarnada,
errabunda y poco consciente de la amargura que despide mi aura,
me alimento de tu recuerdo que jamás expira.
Ansío recobrar mi poder sobre tu cálida presencia,
hacerte mío cada triste noche de mi existencia,
morder tu sublime boca y hacerte gritar de placer hasta estallar en un éxtasis extraterrenal.
Ruego por coger tu mano,
y desaparecer para siempre,
y no volver a posar mi mirada en tu ser,
coger con sumisión la pequeña purificación,
para poder ascender a un plano superior,
ser recibido en una esfera de resurrección,
y abrir la puerta que borre todo vestigio de cicatrices,
y así volver a renacer al mundo otra vez.