IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Solo quiero respirar,
el cielo nos otorga su aire,
pesado en nuestros pulmones,
inexistente fuera de este mundo,
y nos educamos para conocer ese abismo,
el abismo de las estrellas,
un punto insignificante, nuestra galaxia,
para toda esta minúscula realidad,
nos espera el tiempo
para que junto a él sangremos,
porque
¿que somos sin presente?
¿quienes fuimos sin un futuro prometido?
somos promesas mentirosas,
cercanas y cortas
para que se corte nuestra lengua,
y derramemos en el habla,
la verdad que se esconde,
y aún así nunca se entiende,
porque lo que se siente
es más que lo que se ve,
de lo que parece entenderse,
aún más mágica la mente que sus sueños,
más trágica la vida que la muerte,
más lapidaria, como cima y avalancha,
como el día y la rancia luna,
la ilusión se marchita y vuelve a brotar,
como el amor humano,
como el hambre animal,
como el querer del ave,
como el cielo y su necesidad,
de demostrarnos que lo podemos amar,
aún bajo la lupa de la negrura,
enseñándonos
que el amor se nutre
de la energía del deseo,
que las vidas se tratan
como raíz y como herida,
que el alma es el todo,
aún niño, siempre vivo,
y se ama
de adentro hacia afuera.
el cielo nos otorga su aire,
pesado en nuestros pulmones,
inexistente fuera de este mundo,
y nos educamos para conocer ese abismo,
el abismo de las estrellas,
un punto insignificante, nuestra galaxia,
para toda esta minúscula realidad,
nos espera el tiempo
para que junto a él sangremos,
porque
¿que somos sin presente?
¿quienes fuimos sin un futuro prometido?
somos promesas mentirosas,
cercanas y cortas
para que se corte nuestra lengua,
y derramemos en el habla,
la verdad que se esconde,
y aún así nunca se entiende,
porque lo que se siente
es más que lo que se ve,
de lo que parece entenderse,
aún más mágica la mente que sus sueños,
más trágica la vida que la muerte,
más lapidaria, como cima y avalancha,
como el día y la rancia luna,
la ilusión se marchita y vuelve a brotar,
como el amor humano,
como el hambre animal,
como el querer del ave,
como el cielo y su necesidad,
de demostrarnos que lo podemos amar,
aún bajo la lupa de la negrura,
enseñándonos
que el amor se nutre
de la energía del deseo,
que las vidas se tratan
como raíz y como herida,
que el alma es el todo,
aún niño, siempre vivo,
y se ama
de adentro hacia afuera.