Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Reconocer y aliviar la sed de las piedras
arrojándolas a un río del cual nacen y proceden
cubriéndolas de algas, de largos filamentos verdes,
dejando que pequeñas raíces las penetren
disgregándolas, bebiendo a través de ellas,
que pequeños insectos se introduzcan en sus huecos
y las habiten,
y líquenes y musgos las tomen
como huesos de aceituna y sean
su segunda piel que cierra
cualquier herida de granito.
Hacer que las piedras viajen
hasta esas playas tropicales
infinitas,
que su sangre sea de algún modo
germen de una estrella remota,
espejo de una galaxia
bajo la huella valiente
de un alivio reconocible
de lágrima sin espinas.
arrojándolas a un río del cual nacen y proceden
cubriéndolas de algas, de largos filamentos verdes,
dejando que pequeñas raíces las penetren
disgregándolas, bebiendo a través de ellas,
que pequeños insectos se introduzcan en sus huecos
y las habiten,
y líquenes y musgos las tomen
como huesos de aceituna y sean
su segunda piel que cierra
cualquier herida de granito.
Hacer que las piedras viajen
hasta esas playas tropicales
infinitas,
que su sangre sea de algún modo
germen de una estrella remota,
espejo de una galaxia
bajo la huella valiente
de un alivio reconocible
de lágrima sin espinas.