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Alborada trovadoresca de amor durmiente

Cuentista

Silencio, un cuento.



ALBORADA TROVADORESCA DE AMOR DURMIENTE



Ahora que la edad me vence...


Asiduo, a no dormir ni una noche
vagaba libre donde a ella la enterramos
fue en la tierra, al dominio donde andamos
incapaz de olvidar a un ser humano al que una vez
tomé la mano.
Toné mi guitarra española al oído de las tumbas
largas veces la toqué sin perder la aptitud de amar,
detonaba su sonido con maldad banal
al pulsarla con los dedos en cobijo de nublados mausoleos
monumentos deleznables, por el tiempo y el lugar.
Soné mis noches la guitarra en el pórtico gastado
acercándome a su lado
y desde el intestino del callado panteón cantaba una voz de amor.
Tras la puerta sin postigo revivía la cantora
en el templo de granito donde a ella la guardamos,
una vez, o una noche, realmente igual me da
pasmado quedó sin duda, un intruso al oír a mi señora
un errante inoportuno en el canto de la noche
y acercándose, de esta manera habló.
—Rara voz es la que suena, de ultratumba debe ser
esa voz, de esa mujer.
Simularon sus palabras a un estrépito ventoso
arruinando al espectro poderoso, tras la puerta
en pleno uso de mis facultades mentales en aquel momento
y, sin abusar de premeditación o alevosía
mutilé la yugular del intrépido don Nadie, con la púa triangular
séase arreglado el secreto del sonoro umbral
a su muerte, de maldito cárdeno goteo...
Ahora que la edad me vence, continuaré mi narración
temiendo en elevada posibilidad no llegar hasta el final
mas, es con mi guitarra matinal cual en esta alborada
sigue el canto de la cónyuge encerrada;
llamé a la puerta del sepulcro que jamás me abrió
al otro lado de ella turna mi señora
sin podernos encontrar, vivimos las noches.


“Cuentista 2017”
 
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