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Alba de julio

JuanXXIV

Poeta recién llegado
Madrugaba con rayos

del astro ígneo solar

alumbrando el pasillo

de forma angelical.

Mi madre reposaba,

mientras yo despertaba

en mi propia alcoba,

dirigiendo la vista,

a mis particulares

estampas de María,

del Dios de Israel, madre,

del Vilar a la Almudena,

Reina santa de mi mente,

de mi corazón y alma,

y al Señor doy gracias,

por otro día más.

Sonrío al astro ígneo

de la luz viva y rica

de la vida terrestre,

su madre y protectora.

Oh, qué bello alba el mío,

al ver, en la cocina,

la Creación bella,

tan hermosa y opulenta,

que refleja la cura

de Dios por la natura.

Ovejas y corderos,

balando con gran fuerza

para comunicarse

con rudeza y ternura.

El cordero se cae,

y la madre, tan tierna,

va a socorrer a su hijo,

con urgencia bala,

hasta verle bien, de pie.

“¡Oh, qué bello es el alba

veraniego y rupestre!”

Murmuro con la taza

de zumo de naranja

en, de mi mano, palma.

Tras esto, el teléfono,

revisaré con pausa,

amargura y esperanza,

si, por fin, me ha escrito ella

tras la anunciada vía

que ha traído una helada

horrible a mis jardines

de la conciencia,

elevando una torre

de hielo y granizada,

dónde prisionera

soy de la pena excelsa.

Dónde derramo lágrimas

por esta triste y oscura

amnesia de ella,

el silencio me mata,

me carcome cada día

mi energía anímica.

Tantas memorias

compartidas, risadas,

lloronas, angustiosas,

jubilosas, perfectas…

Y el silencio ahora impera,

sin motivo a conocer,

¿Será acaso cautiva

de alguna mala dicha?

Pregunta tras pregunta

desfilan en mi mente,

en verdad, angustiada.

¿Por qué no me responde?

Formulo a la Trinidad,

a María y al santoral,

en una débil súplica.

¿Será una prueba de Dios

como la efectuada a

los amigos del Pastor?

No lo sé, pero el alba,

la universidad y

las otras personas

enviadas por Dios,

hacen de la agonía

un pico más leve.

Mas deseo su respuesta

y volver a conversar

como hace una semana.

¡Oh, Dios! ¿Por qué la alejas?

Te juro lealtad eterna,

pero, devuélvemela,

te pido de rodillas,

entre sueños y lágrimas.

Creador mío, ten piedad.
 
Madrugaba con rayos

del astro ígneo solar

alumbrando el pasillo

de forma angelical.

Mi madre reposaba,

mientras yo despertaba

en mi propia alcoba,

dirigiendo la vista,

a mis particulares

estampas de María,

del Dios de Israel, madre,

del Vilar a la Almudena,

Reina santa de mi mente,

de mi corazón y alma,

y al Señor doy gracias,

por otro día más.

Sonrío al astro ígneo

de la luz viva y rica

de la vida terrestre,

su madre y protectora.

Oh, qué bello alba el mío,

al ver, en la cocina,

la Creación bella,

tan hermosa y opulenta,

que refleja la cura

de Dios por la natura.

Ovejas y corderos,

balando con gran fuerza

para comunicarse

con rudeza y ternura.

El cordero se cae,

y la madre, tan tierna,

va a socorrer a su hijo,

con urgencia bala,

hasta verle bien, de pie.

“¡Oh, qué bello es el alba

veraniego y rupestre!”

Murmuro con la taza

de zumo de naranja

en, de mi mano, palma.

Tras esto, el teléfono,

revisaré con pausa,

amargura y esperanza,

si, por fin, me ha escrito ella

tras la anunciada vía

que ha traído una helada

horrible a mis jardines

de la conciencia,

elevando una torre

de hielo y granizada,

dónde prisionera

soy de la pena excelsa.

Dónde derramo lágrimas

por esta triste y oscura

amnesia de ella,

el silencio me mata,

me carcome cada día

mi energía anímica.

Tantas memorias

compartidas, risadas,

lloronas, angustiosas,

jubilosas, perfectas…

Y el silencio ahora impera,

sin motivo a conocer,

¿Será acaso cautiva

de alguna mala dicha?

Pregunta tras pregunta

desfilan en mi mente,

en verdad, angustiada.

¿Por qué no me responde?

Formulo a la Trinidad,

a María y al santoral,

en una débil súplica.

¿Será una prueba de Dios

como la efectuada a

los amigos del Pastor?

No lo sé, pero el alba,

la universidad y

las otras personas

enviadas por Dios,

hacen de la agonía

un pico más leve.

Mas deseo su respuesta

y volver a conversar

como hace una semana.

¡Oh, Dios! ¿Por qué la alejas?

Te juro lealtad eterna,

pero, devuélvemela,

te pido de rodillas,

entre sueños y lágrimas.

Creador mío, ten piedad.
Realmente muy triste.
Mi apoyo espiritual ante tanta incertidumbre.

Saludos
 
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