Escucha Al costado de MarcosR en #SoundCloud
https://on.soundcloud.com/2zm2m
Se trepan las raíces hasta el techo
y el sueño languidece en los altillos.
Apáticas las manos, los espejos,
en un coma perpetuo, corrosivo.
Silencios tras silencios levantados,
delante de la mesa, el escenario.
La pantalla se devora los rostros
y afuera de los párpados humeantes
un viento colosal suelta señales,
en medio de un gran bosque de reflejos.
Grandes torres de fármacos gentiles
desbordan los bolsillos y oscurecen la risa.
Argamasa prevista en la espesa penumbra
de un mundo que envejece sin tener un sentido.
Al costado del tiempo enloquecido
deambulan multitudes condenadas
cansadas de latir a contramano.
Nada queda en la hora en que nos toca
mirar para no vernos, la estampida.
El balcón, la pastilla, la cuerda o el disparo.
Detrás de las ventanas del invierno latente
un estruendo violento estremece la noche
que corre las cortinas y aviva las pantallas.
Todo lo han levantado ya los celadores,
y apenas algún número al cerrar la jornada
se entera de la falta.
Cuando la angustia asfixia y en la carne se enquista,
y las uñas no logran arrancar ni una lágrima,
y no hay grito que valga para parar el frío,
para abrigar el alma...
Cuando la angustia asfixia, la nada es un camino,
cuando no hay esperanza.
https://on.soundcloud.com/2zm2m
Se trepan las raíces hasta el techo
y el sueño languidece en los altillos.
Apáticas las manos, los espejos,
en un coma perpetuo, corrosivo.
Silencios tras silencios levantados,
delante de la mesa, el escenario.
La pantalla se devora los rostros
y afuera de los párpados humeantes
un viento colosal suelta señales,
en medio de un gran bosque de reflejos.
Grandes torres de fármacos gentiles
desbordan los bolsillos y oscurecen la risa.
Argamasa prevista en la espesa penumbra
de un mundo que envejece sin tener un sentido.
Al costado del tiempo enloquecido
deambulan multitudes condenadas
cansadas de latir a contramano.
Nada queda en la hora en que nos toca
mirar para no vernos, la estampida.
El balcón, la pastilla, la cuerda o el disparo.
Detrás de las ventanas del invierno latente
un estruendo violento estremece la noche
que corre las cortinas y aviva las pantallas.
Todo lo han levantado ya los celadores,
y apenas algún número al cerrar la jornada
se entera de la falta.
Cuando la angustia asfixia y en la carne se enquista,
y las uñas no logran arrancar ni una lágrima,
y no hay grito que valga para parar el frío,
para abrigar el alma...
Cuando la angustia asfixia, la nada es un camino,
cuando no hay esperanza.
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