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Ajeno a Reglas

angel del olvido

Poeta asiduo al portal
Es ya inexplicable no hacerse cuestionamientos básicos sobre las reflexiones del cuerpo, interpretar los lenguajes, hablar los sonidos y distraer la palabra con tinta ajena. El respirar, ese hacer de mundos constantes y alternos, caminos, voces, puentes de una estructura etérea que emanan de los infiernos interiores, de las selvas carbonizadas y de un mismo interno rincón, sosegado y tenue, solo de vez en cuando interpretado por ligeros latidos de un conector rojo con fragmentados tambores en comparsa con un lenguaje triste. Es donde y por él, se develan preguntas que semejan parpados plagados de noches neutras, sin propósito prácticamente humano sino divino. Nos parece a nada la insistente liturgia corporal que desemboca en historias sincronizadas en una misma pregunta, en una sola oración que es parvada de todos los lamentos ancestrales y contemporáneos.
La niña que llora dentro de una casa argentina, el México que fuma trastabillando con su propio cielo, la marca de tierra que persigue al indio y de manera constante quiebra en hileras de sombras incomprendidas, entendidas estas como lagrimas en cátedra sobre las mejillas de un huérfano.
Llega el humanizante punto donde los puertos se contraen, las tierras más suaves se tornan negras, es Tánatos quien da termino al lenguaje convencional y protesta sus manos contra los oprimidos, la niña ,el indio, el México y otros más que no llegaran nunca, se doblegan y en ello esta su liberación, la piel, los cielos, las lagrimas hablan y con fuerza, danzan y con ganas, lo intocable de atrasos, usurpaciones e historias que son contrahistorias, se abre, y de a poco y suficiente para que todos los hombres libres o no, amen la palabra altiva y brote el cuestionamiento final y universal, ¿Por qué a mí?
Todos los amantes se vuelven historias imperecederas, colores puros, palabras nuevas y cantos y nada tiene yugo y todos están y no están en una colección de presencias que hermana razas con destinos bellos, manos negras sobre senos blancos, ciudades repletas con almas rizadas y pieles de cobre en labor libertaria. La muerte quita y duerme y libera conciencias, ¿Por qué a mí? Por que te amo.
 
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Es ya inexplicable no hacerse cuestionamientos básicos sobre las reflexiones del cuerpo, interpretar los lenguajes, hablar los sonidos y distraer la palabra con tinta ajena. El respirar, ese hacer de mundos constantes y alternos, caminos, voces, puentes de una estructura etérea que emanan de los infiernos interiores, de las selvas carbonizadas y de un mismo interno rincón, sosegado y tenue, solo de vez en cuando interpretado por ligeros latidos de un conector rojo con fragmentados tambores en comparsa con un lenguaje triste. Es donde y por él, se develan preguntas que semejan parpados plagados de noches neutras, sin propósito prácticamente humano sino divino. Nos parece a nada la insistente liturgia corporal que desemboca en historias sincronizadas en una misma pregunta, en una sola oración que es parvada de todos los lamentos ancestrales y contemporáneos.
La niña que llora dentro de una casa argentina, el México que fuma trastabillando con su propio cielo, la marca de tierra que persigue al indio y de manera constante quiebra en hileras de sombras incomprendidas, entendidas estas como lagrimas en cátedra sobre las mejillas de un huérfano.
Llega el humanizante punto donde los puertos se contraen, las tierras más suaves se tornan negras, es Tánatos quien da termino al lenguaje convencional y protesta sus manos contra los oprimidos, la niña ,el indio, el México y otros más que no llegaran nunca, se doblegan y en ello esta su liberación, la piel, los cielos, las lagrimas hablan y con fuerza, danzan y con ganas, lo intocable de atrasos, usurpaciones e historias que son contrahistorias, se abre, y de a poco y suficiente para que todos los hombres libres o no, amen la palabra altiva y brote el cuestionamiento final y universal, ¿Por qué a mí?
Todos los amantes se vuelven historias imperecederas, colores puros, palabras nuevas y cantos y nada tiene yugo y todos están y no están en una colección de presencias que hermana razas con destinos bellos, manos negras sobre senos blancos, ciudades repletas con almas rizadas y pieles de cobre en labor libertaria. La muerte quita y duerme y libera conciencias, ¿Por qué a mí? Por que te amo.


Vaya espectaculo de imagenes imperecederas desfilan ante mi -nublada- vista. Me sorprende el hecho de que un Mexicano cite siquiera la palabra México (Yo jamás lo he hecho) en sus cúmulos literarios, o ¿Por qué no? La palabra Indio...

Opresión y muerte. Resignación, lamentos, en resumen, un ameno escrito para mi gusto. Solo el final me ha exigido cuestionarme algunas cosas que no citaria aquí, cuestión de pareceres filosóficos. Es decir, ni al caso.
 
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