rebecca zuñiga
Poeta recién llegado
Ya no me queda más que decir que estoy bien, que ya no me dueles ni me importa lo que te pongas. Que los ojos me sangraron pero hoy siento que el aire se me acumula entre los poros y siento que ya no hay más que mi voz buscando espacio.
Las instancias ya no son recursos de vida, hace mucho que dejé de pensar que los sueños se me harían realidad. Ya no me duermo entre tormentas, los demonios no son para mí.
Quisiera recobrar las horas en que te lloré cuando no sabía que no eras más que un instante inalcanzable de mis brazos. De verdad quise amarte más que a mi piel, pero no valías la pena.
Las quemaduras dejaron su marca y, en ocasiones, cierro los ojos y me preguntó por tu memoria y por los recuerdos que aún me eres. A lo mejor los instantes de vida que te robé no son más que melodías mal compuestas. Pero hoy siento que no siento nada.
Ya no me importa el amor, creo que es mejor cruzarme los momentos felices y usar las palabras que hace mucho no decía para no arrepentirme de lo que digo o hago. Quisiera que fueras un buen momento en mis manos, pero te esfuerzas en hacer las cosas peor de lo que creías.
Los minutos pasan lento, las horas son largas y secas. No supiste comprender mis prosas ni analizar los recovecos de mi cuerpo. ¿Cuántas manos tendré que tocar antes de volver a amar?
Lo que aún no he dicho aún lo siento. Prometo no hacer tu vida más difícil de lo que ya debe ser, la verdad que me es irreconocible todo lo que eres y supongo que te pasa lo mismo con mis huesos. Ambos dejamos demasiadas cosas tiradas en el suelo como para volver a recogerlas, ya no tiene sentido.
La culpa se te ha hecho en el alma y hace tanto que descubrí que los espacios que me robabas eran míos y de nadie más. Cómo me esforcé por amar a alguien que no quiere ser amado.
Te digo que ya no hay banderas blancas frente a mi puerta. Mi guerra terminó, no tengo nada que decirte ni nada que reclamarte. Todavía no he hallado el lugar al que puedo llamar hogar.
Los segundos en que te veo se hacen irreconocibles fantasmas al lado de mis sábanas, y nada de lo que tengo es verdaderamente mío. El mundo ahora es mío y los sueños que tienes son pedazos de angustias que se me perdieron en cada beso que te di. Nunca me gustó dar el alma completa por temor a que se fuera a corromper.
¿Es quizás el amor la forma más rápida de perder la virginidad del alma y de la mente? ¿Logra el amor que nuestras vidas colapsen y nos convirtamos en nada más que extraños con rostros marcados? ¿Cómo puede un lugar tan pequeño contener todas las historias de amor que he vivido y aún faltarme más de una o más historias parecidas?
Creo que no eres más que un niño confundido sin ganas de crecer. No eres más que un intruso que se quedará solo y sin nada qué decirle a la conciencia cuando te siente a ver que no eres nadie. Ya no te daré una oportunidad más, ahora quiero lo que he estado esperando.
No eres nada complicado ni misterioso, tampoco tan especial como creías. Y deja de hacerte el idiota que la vida pasa rápido y ya cambié mis pensamientos acerca de ti.
Recógete la vida, que no quiero ver cómo perdí mi tiempo. Ya no voy a volver... lo sabes... lo sé...
Las instancias ya no son recursos de vida, hace mucho que dejé de pensar que los sueños se me harían realidad. Ya no me duermo entre tormentas, los demonios no son para mí.
Quisiera recobrar las horas en que te lloré cuando no sabía que no eras más que un instante inalcanzable de mis brazos. De verdad quise amarte más que a mi piel, pero no valías la pena.
Las quemaduras dejaron su marca y, en ocasiones, cierro los ojos y me preguntó por tu memoria y por los recuerdos que aún me eres. A lo mejor los instantes de vida que te robé no son más que melodías mal compuestas. Pero hoy siento que no siento nada.
Ya no me importa el amor, creo que es mejor cruzarme los momentos felices y usar las palabras que hace mucho no decía para no arrepentirme de lo que digo o hago. Quisiera que fueras un buen momento en mis manos, pero te esfuerzas en hacer las cosas peor de lo que creías.
Los minutos pasan lento, las horas son largas y secas. No supiste comprender mis prosas ni analizar los recovecos de mi cuerpo. ¿Cuántas manos tendré que tocar antes de volver a amar?
Lo que aún no he dicho aún lo siento. Prometo no hacer tu vida más difícil de lo que ya debe ser, la verdad que me es irreconocible todo lo que eres y supongo que te pasa lo mismo con mis huesos. Ambos dejamos demasiadas cosas tiradas en el suelo como para volver a recogerlas, ya no tiene sentido.
La culpa se te ha hecho en el alma y hace tanto que descubrí que los espacios que me robabas eran míos y de nadie más. Cómo me esforcé por amar a alguien que no quiere ser amado.
Te digo que ya no hay banderas blancas frente a mi puerta. Mi guerra terminó, no tengo nada que decirte ni nada que reclamarte. Todavía no he hallado el lugar al que puedo llamar hogar.
Los segundos en que te veo se hacen irreconocibles fantasmas al lado de mis sábanas, y nada de lo que tengo es verdaderamente mío. El mundo ahora es mío y los sueños que tienes son pedazos de angustias que se me perdieron en cada beso que te di. Nunca me gustó dar el alma completa por temor a que se fuera a corromper.
¿Es quizás el amor la forma más rápida de perder la virginidad del alma y de la mente? ¿Logra el amor que nuestras vidas colapsen y nos convirtamos en nada más que extraños con rostros marcados? ¿Cómo puede un lugar tan pequeño contener todas las historias de amor que he vivido y aún faltarme más de una o más historias parecidas?
Creo que no eres más que un niño confundido sin ganas de crecer. No eres más que un intruso que se quedará solo y sin nada qué decirle a la conciencia cuando te siente a ver que no eres nadie. Ya no te daré una oportunidad más, ahora quiero lo que he estado esperando.
No eres nada complicado ni misterioso, tampoco tan especial como creías. Y deja de hacerte el idiota que la vida pasa rápido y ya cambié mis pensamientos acerca de ti.
Recógete la vida, que no quiero ver cómo perdí mi tiempo. Ya no voy a volver... lo sabes... lo sé...