Kein Williams
Poeta fiel al portal
Adiós, amo.
Sé que no me entiendes
aunque lo hicieron tus manos
cuando acariciando mi lomo
yo sentía aquel te amo
que saltaba de tus ojos
cuando estaba a tu lado.
Me otorgaste un nombre
al llegar a tu manada,
y me diste el alimento,
nunca me ha faltado nada,
porque fuiste un buen hombre
que de mí siempre cuidaba.
Adiós, amo.
Yo seguía el camino
por el que te dirigías,
y cuidaba de tu hogar
por el que daba la vida,
nadie iba a lastimarte,
a nadie de mi familia.
Cuando yo estaba enfermo
me cuidaste día y noche,
y recuerdo cuando dijiste:
«por favor, no me abandones».
¿Cómo podría la muerte
pretender que no viviera?
Si me lo estabas pidiendo
no habría que me detuviera.
Pero hoy tú me has dejado
y estoy sobre esta piedra,
nadie entiende mis aullidos
ni comprenden mi tristeza.
Incluso quieren alejarme
diciéndome cosas tiernas,
pero yo no quiero irme,
no vivo si no estás cerca.
¿Cómo es que duele tanto
que mi pecho se resquebraja?
No sabía que los sentimientos
pueden convertirse en navajas.
Mis quejidos son fiel testigo
de que se me escapa el alma
mientras que siento las manos
de mi alicaída ama.
Es la única que entiende
cuánto duele esta ausencia,
se arrodilla, luego me abraza,
y me impregna con su esencia,
lleva un cachorro en su vientre
quien nunca conocerá a mi amo.
Juro que he de protegerlo
con mi vida si es necesario,
gracias por haberme elegido,
adiós, amo. Te amo.
Sé que no me entiendes
aunque lo hicieron tus manos
cuando acariciando mi lomo
yo sentía aquel te amo
que saltaba de tus ojos
cuando estaba a tu lado.
Me otorgaste un nombre
al llegar a tu manada,
y me diste el alimento,
nunca me ha faltado nada,
porque fuiste un buen hombre
que de mí siempre cuidaba.
Adiós, amo.
Yo seguía el camino
por el que te dirigías,
y cuidaba de tu hogar
por el que daba la vida,
nadie iba a lastimarte,
a nadie de mi familia.
Cuando yo estaba enfermo
me cuidaste día y noche,
y recuerdo cuando dijiste:
«por favor, no me abandones».
¿Cómo podría la muerte
pretender que no viviera?
Si me lo estabas pidiendo
no habría que me detuviera.
Pero hoy tú me has dejado
y estoy sobre esta piedra,
nadie entiende mis aullidos
ni comprenden mi tristeza.
Incluso quieren alejarme
diciéndome cosas tiernas,
pero yo no quiero irme,
no vivo si no estás cerca.
¿Cómo es que duele tanto
que mi pecho se resquebraja?
No sabía que los sentimientos
pueden convertirse en navajas.
Mis quejidos son fiel testigo
de que se me escapa el alma
mientras que siento las manos
de mi alicaída ama.
Es la única que entiende
cuánto duele esta ausencia,
se arrodilla, luego me abraza,
y me impregna con su esencia,
lleva un cachorro en su vientre
quien nunca conocerá a mi amo.
Juro que he de protegerlo
con mi vida si es necesario,
gracias por haberme elegido,
adiós, amo. Te amo.