Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Él, piensa y actúa con coherencia y utopía a la vez.
Con infantilismo si se quiere. Es la mixtura
con la que sobrelleva la mayoría de sus vicisitudes
y el único modo, luego de retorcerse de dolor
sentimental, de atenuar pérdidas afectivas y demás.
Es que él ha decidido convertirse en un sobreviviente
a toda costa por darle trabajo a la vida más que nada:
“Si me quiere o no me quiere, -dice- que le cueste
mi presencia y no me entregue así nomás a la muerte.
Y menos antes de tiempo”.
Entonces, con las riendas de su ‘destino propio’
en su mano y cuidadoso como quien monta un corcel
de imprevistas acciones, disfruta el constatar
cotidianamente lo que la rectora existencial decide
para su persona: Según el resultado, él acaricia
o se blinda. Todo lo que le viene con intenciones
de rozarlo afablemente o partirlo al medio, va a dar
a la misma bolsa y pasa por el mismo escáner
de seguridad-calidad de su imperioso cometido de vivir.
Es que aprendió a protegerse en lo posible
de toda agresión y falsedad humanas; especialmente
la del amor con caducidad de efecto retardado.
Fraudes al fin, que la vida por ser bella, en teoría,
camufla y hermosea con exceso y que él en su utopía,
(un tanto descarriada) disfruta y burla olímpicamente.
En definitiva: con sus principios frustrados,
sus inmensas ganas de amar reprimidas y su soledad
forzosa, él concluye sus día a día en forma amena,
arrumbada su cruz de imposibles bajo el montón
de sus pequeñas alegrías; como la de escribir
coherencias, (según cree) utopías e infantilidades,
a ver cómo se las arregla su tiempo para lidiar con ellas.
Él es él, y si no es a su modo, cómo hayan armado
la vida y sus leyes, no le interesa en lo absoluto.
Safe Creative: 1411262603615
Con infantilismo si se quiere. Es la mixtura
con la que sobrelleva la mayoría de sus vicisitudes
y el único modo, luego de retorcerse de dolor
sentimental, de atenuar pérdidas afectivas y demás.
Es que él ha decidido convertirse en un sobreviviente
a toda costa por darle trabajo a la vida más que nada:
“Si me quiere o no me quiere, -dice- que le cueste
mi presencia y no me entregue así nomás a la muerte.
Y menos antes de tiempo”.
Entonces, con las riendas de su ‘destino propio’
en su mano y cuidadoso como quien monta un corcel
de imprevistas acciones, disfruta el constatar
cotidianamente lo que la rectora existencial decide
para su persona: Según el resultado, él acaricia
o se blinda. Todo lo que le viene con intenciones
de rozarlo afablemente o partirlo al medio, va a dar
a la misma bolsa y pasa por el mismo escáner
de seguridad-calidad de su imperioso cometido de vivir.
Es que aprendió a protegerse en lo posible
de toda agresión y falsedad humanas; especialmente
la del amor con caducidad de efecto retardado.
Fraudes al fin, que la vida por ser bella, en teoría,
camufla y hermosea con exceso y que él en su utopía,
(un tanto descarriada) disfruta y burla olímpicamente.
En definitiva: con sus principios frustrados,
sus inmensas ganas de amar reprimidas y su soledad
forzosa, él concluye sus día a día en forma amena,
arrumbada su cruz de imposibles bajo el montón
de sus pequeñas alegrías; como la de escribir
coherencias, (según cree) utopías e infantilidades,
a ver cómo se las arregla su tiempo para lidiar con ellas.
Él es él, y si no es a su modo, cómo hayan armado
la vida y sus leyes, no le interesa en lo absoluto.
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