eclipse
Poeta recién llegado
A la deriva el extraviado indaga
depravados abismos inescrutables
donde la lumbre regurgite cenizas
como diamantes fétidos de tanto centello.
Destinadas a la pira las fauces de tigres,
voraces por la sangre del tiempo
cual brota en la oscuridad del invierno;
saciados, ambos han de extinguirse.
¡Que ardan los bastardos, un brindis por las llamas!
Socava el afluente de antaño
sofocando atroces fraguas de eslabones
donde la luz ostentó con otro hundimiento
en una orgia de olvido y melancolía.
Y cuando sólo los astros atestiguen,
bajo su impotente pudor argentado deshonraré
a la ciega de ojos afligidos hasta que
redima la visión del pútrido mundo que ha creado.
¡Mira cómo me has dejado y rebana tus pupilas!
Y por eso sangre del señor,
santifica y purifica esta putrefacción
que ya tantas veces sirvió.
Por el olvido y el pecado
¡Que en mi infierno no hay pecador!
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depravados abismos inescrutables
donde la lumbre regurgite cenizas
como diamantes fétidos de tanto centello.
Destinadas a la pira las fauces de tigres,
voraces por la sangre del tiempo
cual brota en la oscuridad del invierno;
saciados, ambos han de extinguirse.
¡Que ardan los bastardos, un brindis por las llamas!
Socava el afluente de antaño
sofocando atroces fraguas de eslabones
donde la luz ostentó con otro hundimiento
en una orgia de olvido y melancolía.
Y cuando sólo los astros atestiguen,
bajo su impotente pudor argentado deshonraré
a la ciega de ojos afligidos hasta que
redima la visión del pútrido mundo que ha creado.
¡Mira cómo me has dejado y rebana tus pupilas!
Y por eso sangre del señor,
santifica y purifica esta putrefacción
que ya tantas veces sirvió.
Por el olvido y el pecado
¡Que en mi infierno no hay pecador!
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