[center:54efa6c53b]Fue en una aciaga tarde de lluvia
Cuando la Muerte segó a Abril con su oz
Arrancó la luz de mi lado
La música barroca de su tenue voz.
Ella era como un sueño de opio
Nunca hubo antes belleza tan exquisita
Palideciendo ante mis ojos
Cual si fuera una marmórea flor marchita.
Embalsamada en su perfume
De asfódelos blancos y fúnebres rosas
Peinados sus rubios cabellos
Cerradas sus pestañas tidias y hermosas.
Tras el fallecimiento de Abril
Todos sus recuerdos no pude soportar
Con nostalgia hice mis maletas
Y en mi fútil ocaso busqué nuevo hogar.
En un brumoso y lejano país
Hallé abrigo para mis tristes lamentos
En una vieja casa oscura
Merced de la tormenta y los fuertes vientos.
Era una mansión de corte colonial
Donde me arrastré por refugio del hastío
Junto a las raíces de un gran árbol
Asentado al margen de un profundo río.
Dediqué mi tiempo a las letras
Imbuido en la lectura y su calor halagüeño
Mas al hacerse la penumbra
Encontré tortura penitente en el sueño.
Las sábanas de mi camastro
Me ahogan cada noche con sus brazos fríos
Asolado de horrores muchos
Y sus baladros sangrantes y bravíos.
Y yo gritaba en la vigilia
Rogando que se frenase tal sinrazón:
Oh, Abril, sabe que aún te amo
Pues llorarte estando tú muerta, es mi maldición
Era una de estas madrugadas
Cuando me procuró mofa el mismo Diablo
Repartió bien a sus títeres
En un lacrimoso y macabro retablo.
Llovía más fuerte que nunca antes
Golpeando con furia sobre mi ventana
Me levanté a mirar por ella
Y confirmé mi aciaga locura insana.
Ahí la vi, pegada al árbol
Las gotas dibujaban grácil figura
Preciosa ninfa de ojos verdes
Que me observaban con fantasmal ternura.
Oh, Abril, mi inmortal amor
Que no fuera ésta tan sólo una ilusión
Ojala fuera real tu existencia
Y me guardaras por siempre en tu corazón.
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Cuando la Muerte segó a Abril con su oz
Arrancó la luz de mi lado
La música barroca de su tenue voz.
Ella era como un sueño de opio
Nunca hubo antes belleza tan exquisita
Palideciendo ante mis ojos
Cual si fuera una marmórea flor marchita.
Embalsamada en su perfume
De asfódelos blancos y fúnebres rosas
Peinados sus rubios cabellos
Cerradas sus pestañas tidias y hermosas.
Tras el fallecimiento de Abril
Todos sus recuerdos no pude soportar
Con nostalgia hice mis maletas
Y en mi fútil ocaso busqué nuevo hogar.
En un brumoso y lejano país
Hallé abrigo para mis tristes lamentos
En una vieja casa oscura
Merced de la tormenta y los fuertes vientos.
Era una mansión de corte colonial
Donde me arrastré por refugio del hastío
Junto a las raíces de un gran árbol
Asentado al margen de un profundo río.
Dediqué mi tiempo a las letras
Imbuido en la lectura y su calor halagüeño
Mas al hacerse la penumbra
Encontré tortura penitente en el sueño.
Las sábanas de mi camastro
Me ahogan cada noche con sus brazos fríos
Asolado de horrores muchos
Y sus baladros sangrantes y bravíos.
Y yo gritaba en la vigilia
Rogando que se frenase tal sinrazón:
Oh, Abril, sabe que aún te amo
Pues llorarte estando tú muerta, es mi maldición
Era una de estas madrugadas
Cuando me procuró mofa el mismo Diablo
Repartió bien a sus títeres
En un lacrimoso y macabro retablo.
Llovía más fuerte que nunca antes
Golpeando con furia sobre mi ventana
Me levanté a mirar por ella
Y confirmé mi aciaga locura insana.
Ahí la vi, pegada al árbol
Las gotas dibujaban grácil figura
Preciosa ninfa de ojos verdes
Que me observaban con fantasmal ternura.
Oh, Abril, mi inmortal amor
Que no fuera ésta tan sólo una ilusión
Ojala fuera real tu existencia
Y me guardaras por siempre en tu corazón.