prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Algún día desapareceré, os prometo.
Tendré mil bisontes y un río helado para reírme de la muerte.
Una piedra de mechero sobre la mesa nombrará mi impotencia.
Una planta crecida en el medio de la habitación
bautizará el descuido que le he tenido a la normalidad.
Algún día desapareceré, con la foto de mi hija abrazando un roble
y la memoria llena de bellotas,
con la orquídea de los jabalíes en el pecho.
Algún día, amor, buscarás en el móvil
la seña del ángel que quiso salvarme.
Y no la encontrarás.
Hay silencios que han aprendido de memoria el credo de tus piernas.
Es lo que llevaré conmigo.
¿Qué fiordo ha elegido a este vacío de abrazos para reencarnarse?
Algún día desapareceré, seré un sinónimo del silencio
que no apunta a ningún diccionario, ni siquiera al de las hojas.
Tendré mil bisontes y un río helado para reírme de la muerte.
Una piedra de mechero sobre la mesa nombrará mi impotencia.
Una planta crecida en el medio de la habitación
bautizará el descuido que le he tenido a la normalidad.
Algún día desapareceré, con la foto de mi hija abrazando un roble
y la memoria llena de bellotas,
con la orquídea de los jabalíes en el pecho.
Algún día, amor, buscarás en el móvil
la seña del ángel que quiso salvarme.
Y no la encontrarás.
Hay silencios que han aprendido de memoria el credo de tus piernas.
Es lo que llevaré conmigo.
¿Qué fiordo ha elegido a este vacío de abrazos para reencarnarse?
Algún día desapareceré, seré un sinónimo del silencio
que no apunta a ningún diccionario, ni siquiera al de las hojas.