Sigifredo Silva Rodríguez
Poeta adicto al portal
En una execrable fosa
donde ella dulce reposa,
en su enhiesto y blanco cuello
le imprimí mi propio sello.
Al violar la intimidad
de un sombrío panteón,
se exaltó mi corazón
al sentirme en soledad.
En hermosa oscuridad
con guirnalda vaporosa,
elegante y vanidosa,
una muerta se reía,
a ella yo descubriría
en una execrable fosa.
Ominosa sepultura
de lóbrega luz marchita,
encuentro que es exquisita
tu purísima negrura.
Con luctuosa partitura
de Belcebú muy famosa,
"La lápida luminosa",
le canté con alegría
esa infernal melodía
donde ella dulce reposa.
Donde ella dulce reposa
en un sarcófago infecto,
mas, su cuerpo era perfecto
seductor como una diosa.
Pero me asustó una cosa:
su pérdida del cabello;
aun, me gustó todo aquello
que tanto me emocioné,
que mis colmillos clavé
en su enhiesto y blanco cuello.
Al final de todo el cuento
sin saberlo era vampiro,
sangre fría yo transpiro
con macabro pensamiento.
Aproveché del momento
de ese cuerpo inerme y bello,
demudado y sin resuello,
que con exultación plena
y con mordida serena
le imprimí mi propio sello.
donde ella dulce reposa,
en su enhiesto y blanco cuello
le imprimí mi propio sello.
Al violar la intimidad
de un sombrío panteón,
se exaltó mi corazón
al sentirme en soledad.
En hermosa oscuridad
con guirnalda vaporosa,
elegante y vanidosa,
una muerta se reía,
a ella yo descubriría
en una execrable fosa.
Ominosa sepultura
de lóbrega luz marchita,
encuentro que es exquisita
tu purísima negrura.
Con luctuosa partitura
de Belcebú muy famosa,
"La lápida luminosa",
le canté con alegría
esa infernal melodía
donde ella dulce reposa.
Donde ella dulce reposa
en un sarcófago infecto,
mas, su cuerpo era perfecto
seductor como una diosa.
Pero me asustó una cosa:
su pérdida del cabello;
aun, me gustó todo aquello
que tanto me emocioné,
que mis colmillos clavé
en su enhiesto y blanco cuello.
Al final de todo el cuento
sin saberlo era vampiro,
sangre fría yo transpiro
con macabro pensamiento.
Aproveché del momento
de ese cuerpo inerme y bello,
demudado y sin resuello,
que con exultación plena
y con mordida serena
le imprimí mi propio sello.