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A tantos versos sobre nivel de mar

Malex

Poeta recién llegado
Suntuoso me siento en las hojas de un limonero,
contemplo la sutileza, gallardez opaca y febril
de las notas de polvo aldeano que esparces;
esplendorosa madame de cabello cano y
provenzales manos de hojarasca invernal.

Sin lugar para dudas, tu sensualidad húmeda
perfuma de generosía y hospitalidad a tu raza,
misma que esculpida fue sobre copos para que,
tu soberbia y serenidad rompan imposible
la tenacidad Matlazinca de tus sembradíos.

Llorar, eso no debes pues se corroen las tejas
y bañan las banquetas de tu piel, de tu lodo;
y con la pureza que sólo el señor de faldas
puede sembrar sobre tus parcelas borrascosas,
baña de paz y sapiencia la tesitura grisácea
de tu fértil subsuelo, para que el maíz campesino
y el pulque, no dejen de nutrimentar tu feminidad.

A tus artesanos, grandes hombres sudan barro,
como si su sola respiración ya fuese por sí
una venusta obra de arte, único y símil
a las vacilantes huellas de Tonanzin, tu madre,
amazona protectora de tu pueblo moreno.

Resguarda tu muralística, cobija Rectoría,
abriga como si fueran a morir al rato
tus arquitectónicos menesteres de granito;
desde lo magueyes hasta el Calvario,
desde tus bosques solanos hasta tus Portales.

No dejes que la notoriedad del tiempo
merme con sus manecillas tus paredes que,
aunque ya cansadas, siguen defendiendo
tus simpáticos paseos y escurridizas callecitas.

Piedra por piedra tu gloria fue labrada,
respirando en Tolocan he consentido lo antedicho.
Mi juventud va suavemente y de manera compleja
cuando lejos de tus plazas, te dedico estos verbos.

Sin inhalar el acre y pino de tu Xinantécatl,
sin ver a su altura, sin airar su grandeza senil,
dejando a mi pesar la gratitud de tu brisa
en los lomos moteados del venado.

Cómo adoran mis displicencias tus raíces,
el atrio prepostero de tu Alameda y sus
sudores tan verdes como las venas de Neruda;
ese idilio dominical de tus nubes lloronas,
la contracción sensible del adoquín y empedrado,
tus sirenas, tus cruces, tus balcones solitarios
solo embadurnados con alejandras y geranios.

Incluso te olvido más cuando estas cerca,
porque de lejos, es más fácil extrañarte.

 
Última edición:
Suntuoso me siento en las hojas de un limonero,
contemplo la sutileza, gallardez opaca y febril
de las notas de polvo aldeano que esparces;
esplendorosa madame de cabello cano y
provenzales manos de hojarasca invernal.

Sin lugar para dudas, tu sensualidad húmeda
perfuma de generosía y hospitalidad a tu raza,
misma que esculpida fue sobre copos para que,
tu soberbia y serenidad rompan imposible
la tenacidad Matlazinca de tus sembradíos.

Llorar, eso no debes pues se corroen las tejas
y bañan las banquetas de tu piel, de tu lodo;
y con la pureza que sólo el señor de faldas
puede sembrar sobre tus parcelas borrascosas,
baña de paz y sapiencia la tesitura grisácea
de tu fértil subsuelo, para que el maíz campesino
y el pulque, no dejen de nutrimentar tu feminidad.

A tus artesanos, grandes hombres sudan barro,
como si su sola respiración ya fuese por sí
una venusta obra de arte, único y símil
a las vacilantes huellas de Tonanzin, tu madre,
amazona protectora de tu pueblo moreno.

Resguarda tu muralística, cobija Rectoría,
abriga como si fueran a morir al rato
tus arquitectónicos menesteres de granito;
desde lo magueyes hasta el Calvario,
desde tus bosques solanos hasta tus Portales.

No dejes que la notoriedad del tiempo
merme con sus manecillas tus paredes que,
aunque ya cansadas, siguen defendiendo
tus simpáticos paseos y escurridizas callecitas.

Piedra por piedra tu gloria fue labrada,
respirando en Tolocan he consentido lo antedicho.
Mi juventud va suavemente y de manera compleja
cuando lejos de tus plazas, te dedico estos verbos.

Sin inhalar el acre y pino de tu Xinantécatl,
sin ver a su altura, sin airar su grandeza senil,
dejando a mi pesar la gratitud de tu brisa
en los lomos moteados del venado.

Cómo adoran mis displicencias tus raíces,
el atrio prepostero de tu Alameda y sus
sudores tan verdes como las venas de Neruda;
ese idilio dominical de tus nubes lloronas,
la contracción sensible del adoquín y empedrado,
tus sirenas, tus cruces, tus balcones solitarios
solo embadurnados con alejandras y geranios.

Incluso te olvido más cuando estas cerca,
porque de lejos, es más fácil extrañarte.




Elevado en la planicie, una necesidad de cortezas para someterse
alo flotandte de las ensoñaciones en un pinar donde el imperio
es el pensamiento en altura y fuerza. bellissimo. luzyabsenta
 
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