En el reflejo de los años,
encuentro mi rostro, marcado,
no por el tiempo, sino por la lucha,
por cada alma que en mí se ha confiado.
He visto ojos llenos de dolor,
labios temblorosos por el miedo,
y en cada historia que me han contado,
he sentido cómo mi propio ser renace y cede.
Hoy, con la fuerza de mil vidas,
me planto firme, sin retroceder,
porque he aprendido de cada lágrima,
que en el dolor también se aprende a renacer.
Ya no soy la misma que empezó este camino,
soy la mujer que ha sentido, que ha sanado,
que ha abrazado el quebranto de otros,
y en ese acto, su propia alma ha encontrado.
Este fuego que ahora me arde,
no es solo mío, es de todas,
de aquellas que se han cruzado,
y han dejado en mí sus sombras y glorias.
Así lo llevo, clavado en el alma,
como un recordatorio eterno,
de que la vida, aunque duele y nos desarma,
es también el lienzo donde pintamos nuestro interno.
Nunca olvidaré este momento,
ni las voces que en mí se guardan,
porque en cada historia, en cada lamento,
encuentro la razón por la que sigo luchando.
Hoy soy más fuerte, más libre, más yo,
y esa fuerza la comparto con todas,
porque el camino sigue, y en mi corazón,
late el pulso de tantas historias hermosas.
21/08/2024
©Dikia
encuentro mi rostro, marcado,
no por el tiempo, sino por la lucha,
por cada alma que en mí se ha confiado.
He visto ojos llenos de dolor,
labios temblorosos por el miedo,
y en cada historia que me han contado,
he sentido cómo mi propio ser renace y cede.
Hoy, con la fuerza de mil vidas,
me planto firme, sin retroceder,
porque he aprendido de cada lágrima,
que en el dolor también se aprende a renacer.
Ya no soy la misma que empezó este camino,
soy la mujer que ha sentido, que ha sanado,
que ha abrazado el quebranto de otros,
y en ese acto, su propia alma ha encontrado.
Este fuego que ahora me arde,
no es solo mío, es de todas,
de aquellas que se han cruzado,
y han dejado en mí sus sombras y glorias.
Así lo llevo, clavado en el alma,
como un recordatorio eterno,
de que la vida, aunque duele y nos desarma,
es también el lienzo donde pintamos nuestro interno.
Nunca olvidaré este momento,
ni las voces que en mí se guardan,
porque en cada historia, en cada lamento,
encuentro la razón por la que sigo luchando.
Hoy soy más fuerte, más libre, más yo,
y esa fuerza la comparto con todas,
porque el camino sigue, y en mi corazón,
late el pulso de tantas historias hermosas.
21/08/2024
©Dikia