Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
La Navidad en el Caribe huele a brisa marina colándose entre las luces, a pino importado que se mezcla con el perfume de la tierra húmeda. Huele a lechón asado girando lento bajo el sol, a hojas de plátano abrazando pasteles que cantan historias de abuelas y fogones.
Es el olor del ron mezclado con coco, de la canela bailando en el coquito, del dulce de guayaba derritiéndose entre risas. Huele a mandarina pelada con dedos ansiosos, a recao fresco en la cocina donde la salsa se alborota en el aire.
La Navidad en el Caribe huele a pueblo despierto, a parrandas que arrastran el olor de caminos de caña y monte. Huele a sal y a tambor, a familia apretujada en un calor que no viene del clima, sino del corazón.
Es el olor del ron mezclado con coco, de la canela bailando en el coquito, del dulce de guayaba derritiéndose entre risas. Huele a mandarina pelada con dedos ansiosos, a recao fresco en la cocina donde la salsa se alborota en el aire.
La Navidad en el Caribe huele a pueblo despierto, a parrandas que arrastran el olor de caminos de caña y monte. Huele a sal y a tambor, a familia apretujada en un calor que no viene del clima, sino del corazón.