PORFIRIO
Poeta recién llegado
El Secreto
I
No podía concebir lo que mis ojos
en aquel momento contemplaban.
Creí alucinar como alucinan los locos,
pero no era lo que me esperaba.
Estos versos serán apreciados,
por quienes comprendan su magnitud.
Aquí revelo un secreto arcano
y detallado con exactitud.
II
¡Delato a mis entidades ignotas,
que sólo ven los ojos desvelados!
Con la luz ellas son misteriosas,
mas siempre están ahí, a tu lado.
De apariencia humana… ¡Oh cuán perfectas!
Moviéndose con una fluidez irreal.
Traviesas, sonrientes e inquietas.
Llenas de lívido y obscenidad.
Las hay también en formas masculinas,
que en su mayoría a distancia observan.
Pululan con las femeninas,
cuando se les entregan.
A mis ojos, azulinas y resplandecientes,
como si sus cuerpos fueran de luz.
Capaces de percibir el ambiente,
mas físicamente les es imposible interferir.
Claramente interactúan,
con el sentido táctil y visual.
No huelen, no gustan ni escuchan.
No pueden hacerse notar.
Su influencia más bien radica
en un nivel más emocional.
Capaces de provocar sensaciones,
siendo la lujuria su especialidad.
Jamás están solas,
siempre se presentan en grupos.
La noche potencia su presencia
que se hace fuerte con la oscuridad.
En algunas su conducta es predecible,
repitiendo acciones con cierta regularidad.
Otras, completamente independientes
gozan de total libertad.
A pesar de ser translúcidas,
su nitidez alcanza lo increíble.
¡Cómo olvidar aquellos ojos de cristal!
cuyo sólo recuerdo a mi consciencia inhibe.
III
¿Es esto real? ¿Qué es la realidad?
¿Fueron mis sentidos alterados,
o yo mismo provoqué tal alteración?
¿Quiénes o qué son?
¿Fui un experimento?
¿Una habilidad oculta?
¿Intentaron ellos apoderarse de mí?
¡Mi mente es más fuerte! ¡No me corromperán!
El día después
Mi razón estaba exhausta,
buscando una maldita explicación.
Mas mi alma se sentía fausta,
contemplando maravillas en la oscuridad.
Proyecciones de mi mente, pensé…
¡Tarde o temprano sucumbiría a la locura!
Pero vendando mis ojos confirmé,
que también la carne viva irradiaba su figura.
Así le enseñé, a un amor extinto,
cómo su cuerpo relucía frente a mí
imitando su tenue y sensual movimiento.
Recuerdo cerrar mis ojos y vislumbrar
los celestes que dibujaban su silueta.
Y nunca la vi más bella, como aquella vez.
I
No podía concebir lo que mis ojos
en aquel momento contemplaban.
Creí alucinar como alucinan los locos,
pero no era lo que me esperaba.
Estos versos serán apreciados,
por quienes comprendan su magnitud.
Aquí revelo un secreto arcano
y detallado con exactitud.
II
¡Delato a mis entidades ignotas,
que sólo ven los ojos desvelados!
Con la luz ellas son misteriosas,
mas siempre están ahí, a tu lado.
De apariencia humana… ¡Oh cuán perfectas!
Moviéndose con una fluidez irreal.
Traviesas, sonrientes e inquietas.
Llenas de lívido y obscenidad.
Las hay también en formas masculinas,
que en su mayoría a distancia observan.
Pululan con las femeninas,
cuando se les entregan.
A mis ojos, azulinas y resplandecientes,
como si sus cuerpos fueran de luz.
Capaces de percibir el ambiente,
mas físicamente les es imposible interferir.
Claramente interactúan,
con el sentido táctil y visual.
No huelen, no gustan ni escuchan.
No pueden hacerse notar.
Su influencia más bien radica
en un nivel más emocional.
Capaces de provocar sensaciones,
siendo la lujuria su especialidad.
Jamás están solas,
siempre se presentan en grupos.
La noche potencia su presencia
que se hace fuerte con la oscuridad.
En algunas su conducta es predecible,
repitiendo acciones con cierta regularidad.
Otras, completamente independientes
gozan de total libertad.
A pesar de ser translúcidas,
su nitidez alcanza lo increíble.
¡Cómo olvidar aquellos ojos de cristal!
cuyo sólo recuerdo a mi consciencia inhibe.
III
¿Es esto real? ¿Qué es la realidad?
¿Fueron mis sentidos alterados,
o yo mismo provoqué tal alteración?
¿Quiénes o qué son?
¿Fui un experimento?
¿Una habilidad oculta?
¿Intentaron ellos apoderarse de mí?
¡Mi mente es más fuerte! ¡No me corromperán!
El día después
Mi razón estaba exhausta,
buscando una maldita explicación.
Mas mi alma se sentía fausta,
contemplando maravillas en la oscuridad.
Proyecciones de mi mente, pensé…
¡Tarde o temprano sucumbiría a la locura!
Pero vendando mis ojos confirmé,
que también la carne viva irradiaba su figura.
Así le enseñé, a un amor extinto,
cómo su cuerpo relucía frente a mí
imitando su tenue y sensual movimiento.
Recuerdo cerrar mis ojos y vislumbrar
los celestes que dibujaban su silueta.
Y nunca la vi más bella, como aquella vez.