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A mi usanza

Juan Oriental

Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo uso las personas y las cosas en la vida,
pero lo hago de modo gentil, inofensivo.
Mas inofensivo y gentil que el modo
en que me usaron y
usarían si pudieran.
Nadie sabe que uso personas y cosas
para poblar mi realidad utópica.

Me ven, si me ven, un tipo raro, taciturno
y maduro que no importa, y yo veo a todos
y a las cosas como personajes y utilería
de la escena de mis lides cotidianas:
Uso a las personas para decir buen día
o qué malo está el tiempo, y me recluyo.

Uso las cosas: el farol de la esquina
porque se enciende sólo en el crepúsculo
y por sí mismo, como yo en mi noches,
y uso en las mañanas mi ventana con estera
por donde filtra el sol sus renglones de luz
como diciendo: escribe en ellos un día más
la catarsis de tu indolencia crónica.

Uso el recuerdo de quien amo con un amor
infundado pero ya delirio compañero,
y uso mucho mi computadora por no saber
dónde meterme cuando no uso nada.

En definitiva, vivo amargado de mi claustro
y a la vez feliz de notar que voy asumiendo
el final irreversible de mis mejores tiempos.
Vivo con mi intensa historia pendiendo cual
bandera de guerra sin brisa y esperando
cómodamente mi fin (porque además
se me ha puesto que al morir, las almas
adquieren sabiduría universal inmediata;
mi asignatura post mortem.)

Pero como la vida tiene todavía no sé qué
argumento para mantenerme en ella,
vivo auto usándome también en instintivo
y piadoso trato; como trofeo de mí mismo,
como cacharro fraterno que da lástima tirar
y que froto de vez en cuando con la íntima
esperanza de que aún le salga un genio…
o algo más ingenioso que este escrito.





Safe Creative: 160124632
 
Última edición:
Yo uso las personas y las cosas en la vida,
pero lo hago de modo gentil, inofensivo.
Mas inofensivo y gentil que el modo
en que me usaron y
usarían si me dejara.
Nadie sabe que uso personas y cosas
para poblar mi realidad utópica.

Me ven, si me ven, un tipo raro, taciturno
y maduro que no importa, y yo veo a todos
y a las cosas como personajes y utilería
de la escena de mis lides cotidianas:
Uso a las personas para decir buen día
o qué malo está el tiempo, y me recluyo.

Uso las cosas: el farol de la esquina
porque se enciende sólo en el crepúsculo
y por sí mismo, como yo en mi noches,
y uso en las mañanas mi ventana con estera
por donde filtra el sol sus renglones de luz
como diciendo: escribe en ellos un día más
la catarsis de tu indolencia crónica.

Uso el recuerdo de quien amo con un amor
infundado pero ya delirio compañero,
y uso mucho mi computadora por no saber
dónde meterme cuando no uso nada.

En definitiva, vivo amargado de mi claustro
y a la vez feliz de notar que voy asumiendo
el final irreversible de mis mejores tiempos.
Vivo con mi intensa historia pendiendo cual
bandera de guerra sin brisa y esperando
cómodamente mi fin (porque además
se me ha puesto que al morir, las almas
adquieren sabiduría general inmediata;
mi asignatura post mortem.)

Pero como la vida tiene todavía no sé qué
argumento para mantenerme en ella,
vivo auto usándome también en instintivo
y piadoso trato; como trofeo de mí mismo,
como cacharro fraterno que da lástima tirar
y que froto de vez en cuando con la íntima
esperanza de que aún le salga un genio…
o algo más ingenioso que este escrito.





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Felicidades Juan, me encantó tu poema.
Unas reflexiones , con un cierto toque de ironía
Abrazos, poeta
 
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