Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Otro ensayo más
en la habitación de paredes inclinadas
hundidas hasta el techo,
con la sonoridad que distorsiona las voces
y nos hace parecer un enjambre de abejas.
Estamos escuchando
el reclamo de una felicidad que se bebe a tragos cortos.
El incendio que nos hará cenizas parece cercano;
somos lo que saldrá de él cuando todos aplaudan,
¿serán sinceros?
Siento, un dolor en el costado derecho
que me escribe las cartas de amor más apasionadas.
El amor y la muerte se miran, interactúan
a través de los espejos que rompen la piedra
y son fragmentos de un todo.
Nada se detiene, los pasos de cebra están hechos
para abrir las puertas en la noche y seguir
la corriente de la luz.
“Toda mi sangre es nueva porque tú me la has dado”
En esto quedan mis palabras, las que caen
como eslabón perdido de cadena larga
que pretende detener el tiempo.
Y en esto me quedo, un viejo mercenario
que se vende por un vaso de agua
cuando sale a escena.