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A 300 vales por hora

Albert Piodos

Poeta recién llegado
Considero que es una frecuencia apabullante, una machaconería malaya a la que nos vimos sometidos la escasa audiencia convocada por motivos de trabajo para ser instruidos en destrezas cuya materia no vienen a cuento. La ponente ya desde el principio prometía, su charleta comenzó con un Bueno..., y tras tres o cuatro palabras más, pronunció su primer ¿vale?. Hace unos años, cuando en territorio anglo, coincidí con colegas latinoamericanos, éstos se sorprendían del vale hispano. El vale que ellos entendían se refería al bono o nota que sirve para justificar una entrega, un pago, etc...

Pero no, el vale ibérico se ha convertido en el okay norteamericano (menos mal que por aquí el OK no ha calado, me digo) y lo que podía ser una interjección con cierto sentido se ha convertido en una muletilla polivalente y a menudo innecesariamente reiterativa cuando en definitiva no se sabe muy bien cómo continuar el discurso. El asunto es que en el caso de la expositora referida el cúmulo de vales era tan portentoso y llamativo que decidí contarlos. Como mi reloj dispone de segundero, tomé tres minutos de tiempo, conté los vales y salían quince, luego deduje que en la hora y cuarto que duró su disertación debió pronunciar trescientos setenta y cinco, que por hora salen a trescientos.

Me faltó tiempo para salir escopetado después de aquella locura, en algún momento llegué a tener miedo de haber podido ser contagiado con alguno de los vales más agresivos que fueron allí expulsados. Evidentemente uno, que no es Demóstenes, no puede presumir de oratoria, pero lo que tampoco es de recibo (¡uf, qué expresión más bobalicona!) es que le maltraten a uno su oído a base de repetir una palabra de forma tan compulsiva, ¿vale?
http://elhombroamable.blogspot.com
 
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Hablo de nevios ahora, la hilacion de vales en una hora tiene algo de simil con volverse loco estando sentado en una mazmorra y sintiendo en la coronilla, gota tras gota. Me ha parecido muy buena tu forma narrativa. Saludos Albert.
 
Agradezco tu comentario. Efectivamente, el símil se refiere a la llamada gota malaya, empleada como forma de tortura. Procurará ir dejando algún relato más conforme los publique en el blog.
Cordiales saludos
 
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