Quinto Brena
Poeta adicto al portal
Andando el borde de una calle
encontré dos muertos.
Uno era soldado,
otro criminal.
Bandos contrarios, final tangente;
tirados en la calle,
estoicos;
extedidos uno en trazo de cruz
y otro en forma de palabra retorcida,
con los ojos fijos,
estirando los brazos al ritmo del momentum
de un paro de sangre.
Ya unidos por la muerte,
conversaban animados los motivos
de una debacle,
del clero y los paganos,
del pecado,
y las filosofias paralelas de los vivos.
En un arranque de civismo me dije:
Esto no es propio.
Dos muertos frescos,
tirados,
disertando de los vivos en plena calle.
Asi que les invité
y gustosos aceptaron la invitación funeraria:
La promesa del cielo,
las flores,
el glamour,
los trajes negros y al final,
las lápidas templadas,
sembradas alrededor de iglesias y pasto.
Ahi vamos los tres; y yo
confiado en que alguien notara mi obra;
pero al pasar la gente sólo decía:
"miren,
3 muertos platicando"
encontré dos muertos.
Uno era soldado,
otro criminal.
Bandos contrarios, final tangente;
tirados en la calle,
estoicos;
extedidos uno en trazo de cruz
y otro en forma de palabra retorcida,
con los ojos fijos,
estirando los brazos al ritmo del momentum
de un paro de sangre.
Ya unidos por la muerte,
conversaban animados los motivos
de una debacle,
del clero y los paganos,
del pecado,
y las filosofias paralelas de los vivos.
En un arranque de civismo me dije:
Esto no es propio.
Dos muertos frescos,
tirados,
disertando de los vivos en plena calle.
Asi que les invité
y gustosos aceptaron la invitación funeraria:
La promesa del cielo,
las flores,
el glamour,
los trajes negros y al final,
las lápidas templadas,
sembradas alrededor de iglesias y pasto.
Ahi vamos los tres; y yo
confiado en que alguien notara mi obra;
pero al pasar la gente sólo decía:
"miren,
3 muertos platicando"
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