Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era una época diferente
comienzos de 1977, sobre unas tristes y desoladas praderas.
El viento soplaba incasablemente, agitando los arbustos,
la tierra seca, algunos pajarillos se agitaban sobre los secos y quebradizos arbustos.
Ese día el cielo estaba despejado, claro, el sol hacía sentir su fuerza.
A lo lejos se miraba algunas personas, atareadas bajo el sol,
labrando la tierra con esperanza, algunos otros vociferaban detrás de las bestias que corrían.
Mas arriba, casi sobre la colina de la gran montaña, Don Manuel, su esposa y sus cuatro hijos, Carmen, Mónica, Walter, y Jenny Con ilusión esperaban el nacimiento de su quinto hijo. Y hermano.
Una pequeña chocita, de paredes de lodo batido mezclado con paja les servia como hogar, fue construida cuando se casaron, no estuve allí pero, según la historia fue construida a través de una minga, todos los vecinos y amigos se juntaban en días feriados para juntos levantar la nueva casita, unos lo hacían gratis mientras algunos pocos cobraban, una cantidad que hoy cuando estamos en la época de la dolarización provoca hasta risa la cantidad mas o menos era de cinco sucres.
Los varones se dedicaban al trabajo duro, mientras las mujeres hacían las labores de cocineras, otras servían los refrescos, a sus sudorosos y sucios hombres, aun que en ocasiones mujeres y niños hacían el trabajo de batir el lodo, para esto se mezclaba la tierra con agua y paja, y niños junto con las mujeres entraban en acción pisoteando los elementos hasta el cansancio.
Este proceso duro mas o menos unos quince días, el trabajo mas duro era el de transportar la madera, esto se hacia cargando al lomo de mulas y hasta los propios hombre padecían el duro trabajo sobre sus espaldas,
Hasta ese día no había sido fácil para ellos. Tuvieron que luchar con múltiples problemas, su situación económica como la de muchos de sus contemporáneos no había sido fácil, como el viejo dicho dice: tuvieron que hacer de tripas corazón
sus cuatro hijos el desempleo, habían provocado varias noches en vela a Don Manuel, y una que otra lagrima corrió en el rostro de Doña Filomena, pero como pareja joven los sueños los mantenían de pie creyendo en un mejor futuro.
El era un hombre fuerte, curtido por el dolor, trabajo desde que era un niño, la vida no le había tratado bien, su mirada firme y seria cubierta por una misteriosa nube de tristeza en nada contrastaba con lo cariñoso y sensible de su carácter, , sus brazos fuertes, ellos eran sus armas, trabajador incansable esforzado lleno de ilusiones de sueños.
Con visión grande sobre la vida, aun que un poco indeciso.
Soñaba con un gran futuro, con tener una casa grande, poder darle una educación de primera a sus hijos que para ese tiempo sumaban cuatro, ya que en esa época las familias no panificaban el numero de descendientes, siempre soñó con tener un negocio propio, un carrito como el comúnmente solía decir.
Estoy seguro que en el sito en donde vivían, jamás podrían haber logrado sus sueños, no podrían tener un negocio en las montañas, ¿quienes serian sus clientes?
Ni un auto podría movilizarse entre los diminutos caminos empinados, de aquellas lejanas tierras montañosas.
Por eso estoy seguro que su plan jamás fue de vivir en el mismo lugar para siempre, como realmente sucedió mas tarde.
Su esposa era hermosa, de tez clara de ojos negros de mirada profunda y tierna, sus cabellos largos, y hermosos eran su orgullo siempre solía decir que el cabello era el velo de la mujer, de caminar seguro su sonrisa hermosa aunque no muy común, ilusionada con el futuro auque su presente no era el mejor.
CONTINUARA
LEONARDO V