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El viaje

Tema en 'Poesía realista (sin premios)' comenzado por kalkbadan, 10 de Enero de 2026 a las 4:36 PM. Respuestas: 2 | Visitas: 240

  1. kalkbadan

    kalkbadan Poeta que considera el portal su segunda casa

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    EL VIAJE

    Mi mamá…
    Cuántas veces me contaste la historia
    de aquella noche en la que esperabas,
    en la casa de tus padres,
    erguida frente al ventanal
    con una copa de vino en la mano
    y con el último grano de arena
    depositado en la cuna del tiempo.
    Adentro, el silencio sepulcral
    de la orfandad; afuera,
    la danza helicoidal de una nevada salvaje
    fosilizada por el ámbar de las farolas.
    Faros narcotizantes que acuñaban la calle hasta perderse
    en un punto de fuga de luto blanco…
    Adentro y afuera; todo dentro.

    El luto del huérfano
    es blanco y cegador. Ahora lo entiendo.

    De pronto, de la punta del puñal nocturno
    de aquella soledad
    emergieron las luces vaporosas de un coche.
    Y Raúl llegó como sacado de un cuadro de Turner.
    Como un ángel llegó
    para cuidar de su querida compañera
    que flotaba en aquel espacio invernal
    a contraluz del tiempo.
    Porque el tiempo del huérfano ya no es de arena;
    sencillamente deja de ser,
    y se entrega a un espacio sideral que tiende al infinito
    y que aguarda paciente la dispersión de los cuerpos.

    Y mi madre abanicó sobre el vacío de aquella casa
    el precioso mantel bordado de mi bisabuela,
    y descorcharon las botellas de vino,
    y cenaron las setas y la carne de corzo
    que mi abuelo había preparado para navidad.
    Y chocaron sus copas… ¡Skål! ¡Salud!

    Me puedo imaginar las velas mudas
    reverberando en los atolones polinésicos
    de aquellos dos seres sublimes. En silencio…

    Y es que frente a la muerte no hay palabras
    por mucho que se empeñe este pretencioso poeta.
    ¡No hay palabras!, solo algo parecido a un rezo
    que queda eternamente suspendido en el último ademán.

    Y a la mañana siguiente emprendieron el viaje de vuelta.
    Hablo de ese viaje definitivo y sin retorno.
    De Västerås a San Sebastián.
    La flecha del tiempo se detiene en San Sebastián.
    De la tierra que vio crecer a mi madre
    al lugar que la hizo tan feliz.
    De la tierra granítica de mis abuelos
    al lugar… en el que el tiempo ya no es de arena.

    El coche cargado de cuadros, vajillas,
    manteles, vestidos, jarrones, fotografías.
    Objetos, objetos… La herencia dactilar de un olvido
    que forma parte de la vida.

    Y ahora aquí estoy yo,
    conduciendo una enorme furgoneta
    en esta heladora noche del 5 de enero de 2026,
    víspera de Reyes.
    Haciendo mi propio viaje sin retorno
    de San Sebastián a Madrid.
    La flecha del tiempo se detiene en Madrid.
    De la tierra que me vio crecer
    al lugar en el que habita mi felicidad.
    De la tierra que vio brillar a mi madre
    al lugar… en el que el tiempo ya no es de arena.
    El coche cargado de cuadros, vajillas,
    manteles, vestidos, jarrones, fotografías.
    Y la cómoda roja de mi madre,
    y el butacón azul de mi padre.

    Nunca había conducido una furgoneta.
    Ni siquiera sabía que las furgonetas tenían tan solo tres plazas.
    Bea y mi hija Lena hacen su propio viaje en autobús.
    Me siento protegido sentado en este trono
    tan cerca del cielo.

    Y me doy cuenta de que nunca comprendí
    el viaje de mi madre
    hasta este preciso momento.
    Y dirijo mi mirada hacia la derecha
    y contemplo el gesto serio de mi admirado Mateo,
    con la mirada anclada en las bandas blancas y definidas
    de su tiempo por estrenar.
    Y miro hacia la izquierda
    y me encuentro con una luna llena encostrada en mi cielo.
    Somos todos esa luna.
    Somos todos este viaje.
    Adentro y afuera; todo dentro.

    Escucho a mi padre rezongar en voz baja
    desde su distinguido butacón
    que a adónde cojones le llevan.
    Y mi madre le contesta que deje de meterse
    en asuntos terrenales, y que disfrute
    de la felicidad triste de su hijo.

    Y llegamos, por fin, a Madrid.
    Aparco frente al portal.
    El portal de Belén; es día 6
    y hay que celebrar que ha (re)nacido un niño.
    Vamos subiendo caja a caja
    el testimonio dactilar de la vida de mis padres.
    Con lo ligera que es la vida qué pesados son los recuerdos.

    Y mi alma se estremece hecha un ovillo
    abrazada al vértigo de mi voluntad
    que es el único faro de Alejandría que me queda.
    Me agacho lentamente a recoger la última caja
    y de pronto asoma por el portal, ¡como una reina!,
    mi deslumbrante Lena.
    Y me salva con esa bandada de golondrinas veraniegas
    que revolotea en su mirada feliz.

    Ya en casa me dejo caer sobre el butacón azul.
    Bea se apoya en la cómoda roja
    y los niños se sientan sobre las cajas.
    Los cuatro y la luna, juntos, en silencio.
    No hace falta decir nada,
    porque el mundo nos atraviesa
    y habla por nosotros.

    Y me prometo aprender a ser rebelde como mi padre
    y revolucionaria como mi madre.

    Me prometo aprender a desaparecer con la dignidad
    de quien sabe vivir.

    Aún estoy a tiempo de embellecer mi desenlace,
    porque el tiempo ya no existe para mí.

    Y siento cómo el universo entero
    se arremolina en el nudo de mi ombligo
    y me susurra

    con voz de madre:

    «Hijo mío… adelante».​

    Kalkbadan
    Madrid, 6 de enero de 2026
     
    #1
    Última modificación: 11 de Enero de 2026 a las 1:13 PM
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  2. Luis Libra

    Luis Libra Atención: poeta en obras

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    Bellísimo poema, Andreas, y muy bien llevado hasta el final. Feliz año, compa, y un fuerte abrazo.
     
    #2
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  3. Évano

    Évano Libre, sin dioses.

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    Cierto, ante la muerte de una madre uno se siente el único huérfano del mundo envuelto en un blanco cegador del que van resurgiendo recuerdos, porque una madre, y un padre, mueren muchas veces en nuestra cabeza y cada vez resurgen esos recuerdos, historias que nos contaron y que vamos entendiendo con cada recordar, hasta que nos ocurre algo parecido a una de sus historias y el blanco cegador se hace luz de comprensión y nos damos cuenta que somos continuación.

    Es un muy bello poema, muy bello. Y como dices, ante la muerte del ser más querido, no hay palabras.

    Salud2, Andreas, y un fuerte abrazo.
    Buen año, compañero.
     
    #3
    Última modificación: 11 de Enero de 2026 a las 1:09 PM
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