selenschek manfred
Hijo de la Luna
Perfilada y oronda de torcaz altivez
disimula muy dentro la tenaz pesadumbre
que le roba el encuentro cual agraz certidumbre,
las caricias del viento perspicaz en su tez.
Y un fugaz sentimiento tan voraz en la cumbre
es volcán en su centro de falaz sensatez,
que oblicuo el horizonte sagaz pinta de herrumbre
a las piedras y el monte con audaz nitidez.
Y se enciende de rojo la sutil amapola,
en el cielo da giros y en la luna cabriolas
y se pone su aureola como bello capuz,
que no quiere estar sola, los sentidos no engaña
pues dos mil mariposas libaran en su entraña
con destellos de plata como rayos de luz.
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