Évano
Libre, sin dioses.
Por las esquinas de los barrios
deambulan
Caperucitas prostitutas.
Ovejas y lobos acuden,
cada noche,
a desvirgar sus cestas de la vida.
Serán los proxenetas yonquis,
de corbata y maletín,
los que roben el fruto de los bosques
para comprar jeringuillas de materia oscura.
Mientras, las abuelas leprosas engordan
en sus casas de piedras de volcán.
¡Qué ojos tan abiertos, Caperu mía!
Son los agujeros negros de Satán.
¡Qué orejas tan abatidas!
Son de oír los llantos del infierno.
¡Qué nariz tan fea!
Por oler lo putrefacto de La Tierra.
¡Y qué boca tan enorme!
Es la entrada de mi alma,
por donde entra el semen del mundo.
Por los poros del espíritu del lobo
penetran las sombras de Caperucita,
es la oscura muerte que arrastra
cada átomo de luz que se desprende
del hombre que vaga por las sombras.
deambulan
Caperucitas prostitutas.
Ovejas y lobos acuden,
cada noche,
a desvirgar sus cestas de la vida.
Serán los proxenetas yonquis,
de corbata y maletín,
los que roben el fruto de los bosques
para comprar jeringuillas de materia oscura.
Mientras, las abuelas leprosas engordan
en sus casas de piedras de volcán.
¡Qué ojos tan abiertos, Caperu mía!
Son los agujeros negros de Satán.
¡Qué orejas tan abatidas!
Son de oír los llantos del infierno.
¡Qué nariz tan fea!
Por oler lo putrefacto de La Tierra.
¡Y qué boca tan enorme!
Es la entrada de mi alma,
por donde entra el semen del mundo.
Por los poros del espíritu del lobo
penetran las sombras de Caperucita,
es la oscura muerte que arrastra
cada átomo de luz que se desprende
del hombre que vaga por las sombras.
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