Despegarse en gemidos, buscar la esencia e ir al libro de las inspiraciones
, recorrido extenso
hasta alcanzar la visión: un rostro de mujer que se abre como pétalos de claridad.
LAS PAREDES RECRECEN ENTRE LABERINTOS
Sin nadie, nada en los ecos del tiempo
cuando arden como incienso infinito,
evaporando la larga voz de la noche
que en chispas se quema desintegrada.
Palabras que, flexionadas en elogios,
cierran la cripta de los huesos fáciles
ya ardientes en el gemido de murmullos
espumados entre ojos de burbujas bizcas.
Visión.
Miro esa esencia, la tuya solo en mi,
el corazón se acomoda a la anestesia
del regazo de un cojín plateado, y tu
flor en elegancia invade mi celda.
Desafío sonámbulo al sueño impugnado,
miedo a la noche, quiero robar la pasión
ilimitada de un lenguaje exclusivo para ti.
¿Cuál?
Ese que me señala el reto de la orgía más loca,
ese de querer penetrar en tu alma inundando.
Con gesto dulce abro el vapor ácido del libro,
inspiración de la seda de esa mujer que nace
en el durmiente de las fábulas de la denuncia.
Escucho su vida, sé de su boca de seda
veneno hermoso y febril para la liquidez
de un sabor que se expande al escucharla.
Quiero coser sus noches, ver que sus grietas
son tela huida de la debilidad del vértigo;
el resto polvo de color gris, humos desvalidos;
quiero robarle al día el incienso de la experiencia.
Ya las paredes recrecen entre laberintos
son como viajes de cortas toneladas
pero elocuente esta ahí el espejismo: tú
hermosura que se dispersa en mi mente.
Soy distracción en tus verdades, origen
de lo aclarado por la metáfora de los dioses.
La mañana me invade mientras ese incienso
arde en la jaula donde la respiración se restaura,
descubro ahí la caricia de tu rostro deshojado,
pétalo sublime de esa fiesta en claridades.
* * * * * * *
luzyabsenta
hasta alcanzar la visión: un rostro de mujer que se abre como pétalos de claridad.
LAS PAREDES RECRECEN ENTRE LABERINTOS
Sin nadie, nada en los ecos del tiempo
cuando arden como incienso infinito,
evaporando la larga voz de la noche
que en chispas se quema desintegrada.
Palabras que, flexionadas en elogios,
cierran la cripta de los huesos fáciles
ya ardientes en el gemido de murmullos
espumados entre ojos de burbujas bizcas.
Visión.
Miro esa esencia, la tuya solo en mi,
el corazón se acomoda a la anestesia
del regazo de un cojín plateado, y tu
flor en elegancia invade mi celda.
Desafío sonámbulo al sueño impugnado,
miedo a la noche, quiero robar la pasión
ilimitada de un lenguaje exclusivo para ti.
¿Cuál?
Ese que me señala el reto de la orgía más loca,
ese de querer penetrar en tu alma inundando.
Con gesto dulce abro el vapor ácido del libro,
inspiración de la seda de esa mujer que nace
en el durmiente de las fábulas de la denuncia.
Escucho su vida, sé de su boca de seda
veneno hermoso y febril para la liquidez
de un sabor que se expande al escucharla.
Quiero coser sus noches, ver que sus grietas
son tela huida de la debilidad del vértigo;
el resto polvo de color gris, humos desvalidos;
quiero robarle al día el incienso de la experiencia.
Ya las paredes recrecen entre laberintos
son como viajes de cortas toneladas
pero elocuente esta ahí el espejismo: tú
hermosura que se dispersa en mi mente.
Soy distracción en tus verdades, origen
de lo aclarado por la metáfora de los dioses.
La mañana me invade mientras ese incienso
arde en la jaula donde la respiración se restaura,
descubro ahí la caricia de tu rostro deshojado,
pétalo sublime de esa fiesta en claridades.
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luzyabsenta