Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Lánguida mirada, a veces sí, quién sabe,
cínica quién sabe, a veces sí
ahogada en la sinrazón de los presagios
y temblando con la esperanza de algún magnifico augurio
aunque venga de un mago sin guantes ni chistera,
colgada como cable de teléfono ocupado por las patas de palomas,
bella de aceituna de Martíni aromada en salmuera,
nubladita de borrascas la cabrona
y cobarde como para reventar
el himen de la niña que se viste
con la mácula del ojo triste.
Cínica en los reojos sabe parpadear ahí
encerrada en la prisión de las pestañas
cuando mira un orgasmo hacía adentro
y al provocador de éste con mágica sonrisa
cuando sabe que lo hecho es casualidad y no buen arte.
Lánguida cuando al mirar de ingle a ingle la entrepierna,
así enclaustrada y libre entre el pudor y los deseos,
se sabe cual mar como ventana y puerta.
. 30.09.10 en una bella tarde sin nubes, es decir; mirando el descanso del pincel del buen Señor.
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