La vez en que su cuerpo posaba en aquel tren,
tomaba una tasa de te y algunas galletas de naranja,
suspiraba ante la ventana, el frió otoño de su vida.
Una vez soñó ese día, la ventana, la frescura del frió,
la tasa de te y aquellas galletas de naranja sin ser probadas.
Cien pensamientos atravesaron aquel momento,
aquella situación transversal...
Imaginó que todo era un sueño, más el tren no paraba nunca,
y empezó a sospechar que nunca lo haría.
Dos veces trato de saltar de aquel tren, pero en cada caída,
cerraba los ojos, y cada vez que volvía a abrirlos,
ella, volvía a la ventana, aquella fría ventana,
junto con su te y las galletas que nunca probaba, por que apetito
no tenia. Aunque sabia que eran sus favoritas, en ellas podía oler
el exquisito sabor a naranja y harina.
Mientras tanto, su madre en la cocina,
con empeño, después de 6 meses de esperar,
de aquel coma de su hija, a causa de un accidente,
seguía horneando las galletas de naranja que tanto
degustaba su adorada hija.
Si la esperanza de ella estaba presa de su idea,
que un día, su hija, sintiera el sabor de aquellas galletas,
y volviera de aquel accidente en que había cerrado sus ojos.
En que había cerrado su mirada para siempre...