Apenas era un bebe, tenia en cautiva la mirada de sus dos hermanos y su madre, mientras que su padre, ahogado en vicios, el alcohol, las drogas, estaba muy mal. No podía coincidir cuentas que no salían, tenia problemas, tenia problemas grandes, tenia que hacer algo, su tercera hija acababa de nacer.
Mientras Sofía crecía, estaba creciendo igual su personalidad, era muy atenta a pesar de tener esa miniatura de tamaño, 48 cm. Lloraba cuando sentía frió y solo al escuchar el canto de mamá, su llanto cesaba. Era un encanto de niña, nació con unos cabellos parados y lacios, con unos ojos redondos y muy grandes, de tes morena, diferente a sus hermanos que se parecían más a su padre, de tez blanca, con pecas y cabello castaño.
El padre llego a un acuerdo, tendría que cubrir más ventas para solventar las malas cuentas, todo empezaba a acomodarse, mientras que el estrés volvía inmensurable a la madre de Sofía, quien estaba descuidando a sus hijos, no podía hacer nada, Sofía siempre estaba llorando, y solo se calmaba en su presencia. Tenia que dormirla y cuando a penas la dejaba en la cuna, esta lloraba, y la madre tenia que volver a levantarla, mientras Sofía lloraba, su madre que era una mujer joven, sentía el triste lamento de su hija, su única hija salva de ese parto de quintillizos.
A veces el llanto le recordaba el sufrimiento de sus otros hijos, y se decía a sí misma, que estaban en el cielo, estaban jugando, estaban juntos, con bellas alas, saltando de allá para acá, libres, juguetones, felices y no estaban sufriendo, no como Sofía en ese momento, decía el medico que quizás Sofía lloraba por que sentía la ausencia de sus 4 hermanos muertos, inconscientemente, y asumía que por eso no podía estar sola por mucho tiempo, y sus otros dos hermanos mayores sufrían las consecuencias, quien lloraba más obtenía la mejor atención, y su madre partida en pedazos trataba de atender la casa, a su esposo, a sus otros dos hijos.
Las cosas no estaba bien, pero todos estaba sanos, al menos eso decía el médico.
Mientras Sofía crecía, estaba creciendo igual su personalidad, era muy atenta a pesar de tener esa miniatura de tamaño, 48 cm. Lloraba cuando sentía frió y solo al escuchar el canto de mamá, su llanto cesaba. Era un encanto de niña, nació con unos cabellos parados y lacios, con unos ojos redondos y muy grandes, de tes morena, diferente a sus hermanos que se parecían más a su padre, de tez blanca, con pecas y cabello castaño.
El padre llego a un acuerdo, tendría que cubrir más ventas para solventar las malas cuentas, todo empezaba a acomodarse, mientras que el estrés volvía inmensurable a la madre de Sofía, quien estaba descuidando a sus hijos, no podía hacer nada, Sofía siempre estaba llorando, y solo se calmaba en su presencia. Tenia que dormirla y cuando a penas la dejaba en la cuna, esta lloraba, y la madre tenia que volver a levantarla, mientras Sofía lloraba, su madre que era una mujer joven, sentía el triste lamento de su hija, su única hija salva de ese parto de quintillizos.
A veces el llanto le recordaba el sufrimiento de sus otros hijos, y se decía a sí misma, que estaban en el cielo, estaban jugando, estaban juntos, con bellas alas, saltando de allá para acá, libres, juguetones, felices y no estaban sufriendo, no como Sofía en ese momento, decía el medico que quizás Sofía lloraba por que sentía la ausencia de sus 4 hermanos muertos, inconscientemente, y asumía que por eso no podía estar sola por mucho tiempo, y sus otros dos hermanos mayores sufrían las consecuencias, quien lloraba más obtenía la mejor atención, y su madre partida en pedazos trataba de atender la casa, a su esposo, a sus otros dos hijos.
Las cosas no estaba bien, pero todos estaba sanos, al menos eso decía el médico.
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