A los que algún día pensaron que jamás lo lograría,
mi más melodiosa anáfora y rima de poesía.
A quien con hipocresía destiñó la Fe del canto,
mi más caluroso símil, mi más desahuciado encanto.
A los que enseñaron tanto, a los que engañaron poco,
mi más servil sinestesia y el verso más ebrio y loco.
A los que entre letras toco con el posar de la vista,
los sueños aventureros y la canción egoísta.
A aquel triste comunista que censuró mis escritos,
el odio de la tormenta y la libertad de un grito.
Al poeta que ha descrito sin luz propia a las estrellas,
la más bella resonancia de mis onomatopeyas.
A la inspiración aquella que entra en la noche y se antoja,
mi admiración y respeto, mi tiempo y mi paradoja.
A Dios que de vida moja la pasión de lo que agencio,
para ti la voz callada, para ti va mi silencio.