Y ese reguero de silencio que hiende, punzante,
las interminables semanas con sus arcas
rebosantes de vacío y olvido.
Y la búsqueda inútil, el hastío, la desolación.
Y la esperanza del milagro de un llamado.
Y el ruido infernal de esa avenida destrozado
en las aristas de los recuerdos.
Y la noche hecha añicos en el titubeante
temblor de plumas de unos pájaros amanecidos.
Y ese fantasma...
Ese espantajo de manos de humo
vestigio de un incendio que, en realidad,
nunca existió.
Y las promesas... y la partida
¡Y el beso del adiós!
las interminables semanas con sus arcas
rebosantes de vacío y olvido.
Y la búsqueda inútil, el hastío, la desolación.
Y la esperanza del milagro de un llamado.
Y el ruido infernal de esa avenida destrozado
en las aristas de los recuerdos.
Y la noche hecha añicos en el titubeante
temblor de plumas de unos pájaros amanecidos.
Y ese fantasma...
Ese espantajo de manos de humo
vestigio de un incendio que, en realidad,
nunca existió.
Y las promesas... y la partida
¡Y el beso del adiós!