Voy a tu cuerpo como río al mar
cómo pájaro a su nido,
cómo brota el agua de las montañas
sin cesar, entre surcos.
Voy de mis pesares a tu dicha
bajando al pozo
donde se pierde el horizonte azul
entre laudos y cascabeles
cómo tango con concertina.
Porque tú cuerpo es tallo y relámpago,
tempestad y calma,
oasis de sed donde se desploman los delfines
y las aureolas de tus montes
calcinan las nieves del invierno
floreciendo las primaveras.
Entre tu cintura y el pliegue de tus párpados
vuelan golondrinas
y orquídeas florecen en su jugo
fragmentos de brillo despiertan la solitaria sombra.
Arqueando sobre tu flor
me siento despeñar por el valle donde nace la luz
y allí, en silencio, a la espera de lo habitable
mi corazón descansa entre musgo desnudo
que alimenta al lirio en verano
cuando se enciende con afán
la promesa que consuela al alma.
©José Valverde Yuste