La cotidiana emancipación del dolor
me absuelve de conferir inoperancia,
de flagelar los límites que amordazan
la estructura longeva de mi desventura.
La detractora lágrima que esquivo
quebranta lo que furtivo afrento,
el disgusto que me deroga perplejo,
reblandece infractora la opresión.
La reticente amargura ondula
el incisivo apego a la soledad,
a la deformidad febril que estruja
mi intimidad arcaica y medrosa.
La indolencia previsiva que refuto…
Es una dolencia que me abate permisiva.
me absuelve de conferir inoperancia,
de flagelar los límites que amordazan
la estructura longeva de mi desventura.
La detractora lágrima que esquivo
quebranta lo que furtivo afrento,
el disgusto que me deroga perplejo,
reblandece infractora la opresión.
La reticente amargura ondula
el incisivo apego a la soledad,
a la deformidad febril que estruja
mi intimidad arcaica y medrosa.
La indolencia previsiva que refuto…
Es una dolencia que me abate permisiva.