Capa tras capa, desmantelamos la cebolla
sin encontrar en el cifrado de su núcleo
el cántaro de barro del que abrevan las nubes
o la lágrima nodriza de los espejos quebrados.
Es que no, el llanto viene de más lejos;
son otros los paisajes que nos interiorizan
en la garganta al lobezno atropellado
al borde de la autopista.
De nuestros párpados escurren, deshechos,
los niños de la guerra y del exilio,
las abuelas que buscan en los osarios
del desierto, sus entrañas huérfanas.
En nuestra voz arde el bosque que huye
despavorido de la quema;
los pájaros se hacen humo en nuestros ojos,
pero nada que rebase nuestras pestañas
sirve para apagar el incendio del mundo,
ni abona un gramo de sal a las olas,
ni obliga a los dioses a despertar
de la pesadilla donde nos sueñan.
Dentro de la cebolla no hay más que cebolla
y un buen pretexto para llorar
cuando el cuchillo la atraviesa:
solo entonces lloramos por nosotros.
sin encontrar en el cifrado de su núcleo
el cántaro de barro del que abrevan las nubes
o la lágrima nodriza de los espejos quebrados.
Es que no, el llanto viene de más lejos;
son otros los paisajes que nos interiorizan
en la garganta al lobezno atropellado
al borde de la autopista.
De nuestros párpados escurren, deshechos,
los niños de la guerra y del exilio,
las abuelas que buscan en los osarios
del desierto, sus entrañas huérfanas.
En nuestra voz arde el bosque que huye
despavorido de la quema;
los pájaros se hacen humo en nuestros ojos,
pero nada que rebase nuestras pestañas
sirve para apagar el incendio del mundo,
ni abona un gramo de sal a las olas,
ni obliga a los dioses a despertar
de la pesadilla donde nos sueñan.
Dentro de la cebolla no hay más que cebolla
y un buen pretexto para llorar
cuando el cuchillo la atraviesa:
solo entonces lloramos por nosotros.
08 de mayo de 2023
Te abrazo y te quiero.
(Hoy no hay chanclazos)