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Se llenan de nostalgias mis horas
contemplando tu rostro
en el añil de un mar embravecido
donde navega mi deseo
vestido siempre de mañana.
Es frío el crepúsculo en tu ausencia
sin tu abrazo,
en la mudez que plena la tarde
la furia del agua me arrastra hacia el vacío,
como esa silenciosa presencia que se instala
en tu mirada, quieta, callada.
Al norte veo tus ojos con la promesa en las pupilas,
al sur el bosquejo de tu boca
y los besos robados que acercan los extremos,
como un volcán con su lava incandescente
que nos derrite.
Ana Mercedes Villalobos
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Se llenan de nostalgias mis horas
contemplando tu rostro
en el añil de un mar embravecido
donde navega mi deseo
vestido siempre de mañana.
Es frío el crepúsculo en tu ausencia
sin tu abrazo,
en la mudez que plena la tarde
la furia del agua me arrastra hacia el vacío,
como esa silenciosa presencia que se instala
en tu mirada, quieta, callada.
Al norte veo tus ojos con la promesa en las pupilas,
al sur el bosquejo de tu boca
y los besos robados que acercan los extremos,
como un volcán con su lava incandescente
que nos derrite.
Ana Mercedes Villalobos
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Hermosas letras.
Un abrazo, Ana M.