Dedicado a Guadalupe Cisneros-Villa
Todo lo que de ti sé me viene a través del aire:
los sonidos de tu voz en la mañana encendida,
el golpeteo de tus pasos en los silencios de la tarde,
el crujido del otoño envuelto en nubes,
el deslizar de las hojas abiertas de un libro
donde tus dedos van dejando huella,
los sorbos lentos del café caliente,
el humo que asciende, enredado a tus pestañas,
las puertas que se abren cuando tú las traspasas,
el olor a madera de tus labios,
el recuerdo a bosque de tu cuerpo enfebrecido
repleto de pájaros, que anidan en las sombras,
esa armonía de la sal dentro del agua,
ese contacto de tu piel que levanta a los océanos
de su calma sin barcos, sin mareas.
Ahora siento las olas de tu boca y tus abrazos,
tus idas y venidas hacia mí por el aire,
con esa verdad húmeda que trajeron las lluvias;
más allá de la raíz que imagina el verde,
más allá del deseo que florece en tus manos.