Tuve una etapa anterior en esta casa, debo decir que me permitió crecer mucho, sobre todo en poesía ya que siempre sentí más afinidad con las prosas.
También tuve un blog y aunque no lo cultivé demasiado, tengo que dar las gracias al portal por permitirme un espacio en el cual volcar letras un poco más personales.
Un blog es eso, un espacio más personal.
Como no puedo escribir poesía si no me fluye naturalmente, se me complica dirigir la inspiración hacia una temática en particular. Si los versos no brotan espontáneamente, no puedo sentarme frente a las teclas y decir "voy a escribir un poema acerca de"...
Tiene que ser una chispa que surja sola, en cualquier lugar o momento, un flash de amor, una reflexión, un agradecimiento emotivo, pero siempre sin que yo lo busque o provoque.
Así fueron y son todos mis poemas ya que con las prosas la inspiración es más metódica u ordenada.
Quiero hacer esta entrada de blog con tres poemas muy especiales para mí. Tres hijos de letras que merecen ser devueltos al presente y no dormir en los archivos.
No importa cuántas visitas o comentarios tengan. Quiero compartirlos desde mi pluma libre, con la misma libertad con la que fueron creados y publicados años atrás y con mucho amor hacia quien tuvo y tiene que ver con la pasión que los impulsa.
Luna roja
Imagino sobre mi pelo una corona de lirios
un círculo celta de llamas como lenguas
que levitan seducidas por el viento vespertino.
A lo lejos, casi imperceptible
resuena la voz conocida del otoño en la memoria tibia
semejante a un clamor persistente en mi sangre;
me extraña y lo añoro, también lo deseo
mas soy presa voluntaria de estos verdes de lujuria y de corolas
estímulos...
y le digo, como en secreto ruego
con el último atisbo de razón, que todavía no es su tiempo
que estas son horas de agua fresca
otras horas de labios almibarados, de uvas maduras
claridad de días extensos que culminan entre sábanas de crepúsculos prendidos
páginas de citronela y lilas silvestres maceradas
bálsamos en las pieles que rozan la grama nocturna…
él y yo
somos dos cuerpos profanados
fascinados por la luna roja que disfrutamos juntos
entregados al rito del verano.
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Cuando hacemos el amor
Aquí y ahora termina la travesía de tus mapas
concluyen la estrategia y el plan
en el destino de este cuarto anaranjado
donde desapareció el presente
y se prendieron las tersas penumbras de los siglos
de un mundo aparte, nuestro decreto en coautoría
de las horas que rentamos a la eternidad de los tiempos...
Bastó un dueto, química de señales en concordancia
la expulsión y destierro de los formadores de opiniones
intrusos, analistas, buscadores de primicias
bulliciosos oxidados…
insignificantes y lejanas se sienten sus líneas sobrecargadas
frente al embrujo de esta ventana nocturna
junto a este marco delicioso de aire salino
que emite el mar como ofrenda de bienvenida;
porque es la noche de los sentidos
te lo comunicaron mis susurros
me respondió el absolutamente sí, de tu aceptación
se difuminaron esos típicos miedos
que se experimentan ante el poder de los hechos inevitables
y llegaron los aromas de maderas y de frutos
el placer en las bocas del vino dulce
el tacto de los besos tatuados sobre la piel
las marcas indelebles de las caricias construyendo recuerdos rojos
un exacto, preciso y acordado fervor…
No, no olvido las miradas
podría narrar todo el capítulo de un libro
con relación a la forma en que me miras
como nos miramos
cuando hacemos el amor.
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Amantes en el campo
Tengo conmigo el tiempo
para observar los tímidos efectos de la brisa entre las ramas
son tan esbeltos los árboles que rozan el lienzo del verano,
ni una nube deambula por el cielo matutino
divino, puro celeste
uniforme, perfecto en cada trino que no cesa
que la ciudad dormida no puede contaminar con sus rugidos de motor…
Es bastante curioso este silencio impostor
es un silencio interpretado por aves y cigarras
un silencio poblado de partituras donde también me hablas
y te unes al contexto
al cuadro vivo de las copas frondosas que se abrazan en un arco
que se acarician a ambos lados de la callecita gris,
exactamente como acaricias mi mano
cuando tus dedos tejen cintas con los míos
y entre tantas otras cosas
sé que amas estos campos como los adoro yo
sé que aprendiste y que recuerdas
que la existencia a veces se convierte en el milagro
en la bendición del hallazgo
del hallazgo del silencio que dialoga
en la mañana diáfana
en la ruta acompasada de dos amantes en el campo.
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Bien, amiga bien re bien!!!
Tus reliquias de la vida merecen estar.
Kiss en tu mano!